Hasta los más acérrimos enemigos del gobierno tienen que reconocerlo: la campaña es exitosa. Sin dudas la más exitosa desde que el 10 de diciembre del año pasado, Fernández 1 le dijo a Fernández 2: “Agarrá ese bastón y hacé como que gobernás vos”.

Todo fue raro en la implementación del plan: para comenzar, no fue anunciado. En una gestión que no para de publicitar cada una de las obras que no hace, que se felicita en grandes carteles publicitarios por los nueve millones de personas que viven de la “caridad” del Estado; que no deja de celebrarse por cada obra de la gestión anterior que inaugura como propia; que haya comenzado semejante campaña sin publicitarla, es todo un detalle.

La Campaña de Desorientación al Ciudadano marcha viento en popa, todo sale bien, todo ocurre exactamente como fue planeado.

La idea de que millones de argentinos se encuentren más extraviados que Ileana Calabró cuando Donato le dio el pato para que lo cocine está funcionando como ningún otro plan del gobierno. Si nos querían desorientados, señores gobernantes, habrá que reconocer que lo lograron.

Nadie hoy en Argentina tiene idea de dónde está parado, qué puede esperar no ya del futuro mediato, sino de la semana que viene. Estamos aturdidos y perplejos, desconcertados y errantes. ¿Alguien tiene idea sobre cuál será “el tema de la semana” que empieza hoy? ¿De qué estaremos hablando? ¿El plan económico será de seguimiento al Fondo Monetario, con ajustes monumentales, medidas antipáticas, hambre y destrucción? ¿O será de demagogia simplista, chavismo ensamblado en Tierra del Fuego, prohibición de despidos, más impuestos, hambre y destrucción? ¿A cuál de los dos destinos nos dirigimos? ¿Washington o Caracas? ¿Arrancaremos como para allá y después damos una vuelta y hacemos como que vamos para el otro lado y después nos quedamos quietos? Acá el gobierno aplica su máxima rectora: nos dirigimos a todos los destinos, si total, vamos viendo.

El “vamos viendo” de esta gente es borgiano.

Son ciegos.

Nada es lo que anuncian, aunque puede serlo pero no tanto, o puede serlo del todo, o puede serlo exactamente al revés, o puede serlo del todo y más. “Al infinito y más allá” grita el Presidente Coso y el infinito queda en La Quiaca, en donde como rigen las normativas de aislamiento y distanciamiento hasta el 29 de noviembre, el Presidente Coso se abrazó con decenas de personas, cenó en un cuartito cerrado con Evo Morales y quichicientos comensales más y se toqueteó con Coso Béliz. En este caso los verdaderos desorientados fueron los agentes de seguridad privada y serenos del hotel de La Quiaca, que están obligados a denunciar las reuniones de más de 10 personas en espacios cerrados. Después les dijeron que no se preocupen, que el botoneo es obligatorio nada más que en la provincia de Buenos Aires y respiraron aliviados. Imagínense, pobres serenos, llamándola a Cosa Vizzotti y diciéndole: “Mire, acá tenemos unos señores que se toquetean y se pasan la sal como si nada, mientras ríen y gritan, mándeme por favor a la payasa Filomena, si es que no está cumpliendo alguna misión ultrasecreta en Rusia escondiendo empresarios”.

La campaña de desorientación al ciudadano arrancó tan bien que hoy la mitad de la población cree que la manija la tiene Fernández 1, la otra mitad cree que la tiene Fernández 2 y la otra mitad ya no cree en nada. Si el lector está en el grupo de los avispados que se dio cuenta que no hay tres mitades ya demostró una competencia como para dirigir el Banco Central o al menos, ANSES, ese instituto que estaba para ayudar a los jubilados pero pasaron cosas.

Explicando entre periodistas súper amigueros que “no es tan grave” lo de toquetearse en Jujuy, el presidente Coso dijo: “Hay algo que no se ve. Yo cada vez que salgo tengo una suerte de ducha de alcohol permanente al lado mío”.

¡Qué interesante, Sr. Coso!

Entonces por ejemplo, si alguien quiere ver a sus abuelos que están muriendo de tristeza desde hace ocho meses por sus medidas, ¿alcanza con tener “una suerte de ducha de alcohol”?

¿Lo podemos usar todos?

¿O sólo quienes tienen “la suerte” de dar las órdenes pueden no cumplirlas?

¿Con “una suerte de ducha de alcohol” Mauro Ledesma no se hubiera muerto intentando cruzar el río Bermejo para ver a su familia, mínimo detalle humano que usted, Mr. Suerte y su gobernador preferido, el ancestral Guildo Coso Insfrán que dijo “el derecho a la vida y a la salud están por encima del de libre circulación”, obviaron?

¿Quién será la maestra que le tenga que enseñar lo del derecho a la vida a la hijita de Mauro Ledesma?

¿Con un cachito del 200% de aumento interanual que tuvieron las transferencias de Nación a la provincia de Formosa podrían haber puesto “una suerte de ducha de alcohol” en el puente y Mauro no moría?

El progresismo, sin embargo, gran fanático de la Campaña de Desorientación al Ciudadano, no dice una palabra de Mauro Ledesma. Por eso hay que repetirlo diez, cien, mil veces veces. Mauro Ledesma era un trabajador pobre que murió porque después de meses de esperar un permiso oficial, se tiró desesperado al río Bermejo que tenía prohibido cruzar por orden de funcionarios que no cumplen esas órdenes. Mauro Ledesma, se llamaba. Cinco años menos que Santiago Maldonado. No, no tiene página en Wikipedia. Santiago, sí.

Otro de los turiferarios papales, el oblicuo diputado peronista Eduardo Coso Puf Puf Valdéz dijo: “Los que estábamos en Bolivia creíamos que estábamos respetando la distancia. No somos tan locos de luchar por el prójimo y querer infectarnos entre nosotros”.

¡Mirá qué interesante! Con grandes valores de hoy y de siempre como Valdéz, la Campaña de Desorientación tiene éxito asegurado más si como después agregó: “Si me contagié por el viaje, bienvenido sea”. Tenía acá un aparatito para medir el cinismo en sangre pero lamentablemente se derritió. No hay manera con esta gente.

Hay que reconocer también que había un terreno fértil para la campaña. La desorientación es hija de la desconfianza y el menoscabo de la credibilidad es -como le gusta decir a los analistas de los domingos- un activo principal del gobierno. Mucho hicieron los funcionarios actuales para conseguir que nadie les crea nada. Es quizás su tarea más perfecta.

Hace poco más de un mes, el academiquísimo ministro de economía Coso Guzmán aseguró que “la inflación está bajando fuertemente”. Fue una jugada genial que semanas después se anunciase una inflación de 3,8 para el mes en el que el ministro decía que coso, en medio de una caída récord de la actividad económica, prácticamente sin paritarias, con las tarifas congeladas desde hace meses, con precios máximos y precios cuidados, con caída en las ventas, con pymes fundidas y cuatro millones de puestos de trabajo perdidos.

Más extravío imposible mientras el dólar juega en la cama elástica porque el gobierno quiso artificialmente bajar el blue y entonces, cansado ya de darle a la maquinita de los billetes, decidió vender deuda para conseguir dólares. O sea, endeudarte a vos y a los que vengan. En este caso, nos endeudaron en dólares a una tasa del 17% anual y así consiguieron durante dos semanas bajar blue. Ok, fueron sólo dos semanas pero ¡qué dos semanas! Como resultado, el ANSES quedó flaquito, flaquito pero bueno ¡qué dos semanas!

Mientras tanto el Presidente Coso siguió con la Campaña de Desorientación, agregándole como es su gusto, grandes cuotas de mentira. “El ajuste lo estamos haciendo al dejar de pagar la deuda que tomaron otros”, dijo. Lo que no nombra es que “otros” es el expresidente Macri que tomaba deuda a 4% para cancelar deuda de la actual PresidentaVice que había tomado al 15%. Es bueno recordar que cuando dicen que la gestión de la PresidentaVice dejó en 2015 al país desendeudado, se olvidan que lo que en realidad había era una deuda de 240.000 millones de dólares. A los Fernández les encanta echarle la culpa de la deuda a los otros y que gran parte del periodismo mire para otro lado. Es parte de la Campaña de Desorientación.

El compañero de Fabiola aseguró “nos dejaron una economía diezmada, sin reservas” cuando en realidad al 10 de diciembre del ’19 las reservas brutas eran de 43.785 millones de dólares y las netas, superaban los 13.000 millones de dólares. Parece poco, pero también es bueno recordar que al 10 de diciembre del ’15, cuando el gobierno de la tierra arrasada asumió, había recibido 24.862 millones de dólares de reservas brutas y 0 de reservas netas.

“Ningún gobierno se ocupó tanto de cuidar a las PYMES como nosotros” dijo Fernández Coso y eso que sólo cerraron al menos 42.000 en los días que lleva de gobierno. Y claro, la gran frutilla del postre de la Campaña: los jubilados, esos que hacían llorar por televisión a moco tendido a Cosa Tundis hasta el 10 de diciembre del año pasado y que ahora sólo le hace comentar “y sí, quizás esta medida es un poco antipática pero el tema es que no queda otra” (no, no es una ironía, se lo dijo por televisión a Maximiliano Montenegro. Suena a invento pero lo dijo). De lágrimas, ni noticias. ¡Mirtaaaa!, ¡que así se nota mucho que los jubilados nunca te importaron!

“Entre los bancos y los jubilados, me quedo con los jubilados” había dicho el dueño de Dylan (hasta que el Instituto Patrea lo estatice) y uno puede preguntarse ¿para qué se los quedó a los jubilados, si ya les sacó hasta la última gota? Según el INDEC el único sector que creció con relación al año pasado fueron los bancos: un 4%.

Cuando en 2017 por ley del Congreso el entonces gobierno de CEOs Macri Caca sumó la inflación al cálculo de movilidad jubilatoria, aparecieron el Gordo Mortero, los hermanos latinoamericanos rompiendo fuentes en la plaza, los diputados K patoteando dentro y fuera del Congreso y las 14 toneladas de democráticas piedras. Alberto Fernández Coso de Kirchner bajó la ley por decreto, decidió “aumentos” por decreto y quienes habían aportado toda su vida, pasaron a cobrar menos de lo que deberían haber cobrado. Claro, el Presidente Pucha no se privó de decir: “No es posible que no le podamos garantizar dignidad a los que toda su vida trabajaron. Una sociedad que se olvida de sus viejos es una sociedad miserable en la que yo no estoy dispuesto a vivir”. Y ahí mismo se fue a la Embajada de España a hacer los papeles para emigrar.

El proyecto de jubilación hace que la actualización, que era trimestral, pase a semestral. Por ahí tienen suerte y en esos tres meses más se nos van algunos abuelitos y todos contentos. Hacen que los jubilados pierdan frente a la inflación mientras aseguran que “el actual proyecto propone una fórmula más justa y repara el enorme daño que produjo la reforma del 2017 de Cambiemos”. Así se hace una Campaña de Desorientación, aprendan.

Dicen que no van a cambiar a nadie del gabinete porque sino parecería que hacen lo que la megamechera intergaláctica pidió en su famosa carta. ¿Qué hacen? Cambian a alguien del gabinete. ¿A quién? A María Coso Bielsa. Dicen que porque su gestión era mala. Dale, lo dicen los mismos que dicen que la gestión de Coso Katopodis en Obra pública es buena. ¿Cuánto más mala puede ser? Recordemos que hay dando vueltas un video de Bielsa donde reconoce que el kirchnerismo es ladrón. María Coso Bielsa es tan mala en su trabajo que ya le ofrecieron el puesto que dejó vacante Pino Solanas en París como embajadora ante la Unesco. En diez segundos, sin repetir y sin soplar, ¿curro que suene a curro más grande que embajadora ante la Unesco en París?

No.

No hay.

Entonces, como hay que arreglar con el Fondo y hambrear a los jubilados y girar a la ortodoxia para quedar bien con el mundo empresario, meten de ministro a Jorge Coso Ferraresi, un tipo cuya gran obra fue inaugurar la plaza República Bolivariana de Venezuela como homenaje al dictador Maduro, rodeado de artistas como Gerardo Romano, Rita Cortese, Teresa Parodi, Juan Palomino y la secretaria de Cultura del Municipio, Victoria Onetto, toda gente a quienes poco importaron las decenas de miles de asesinados y millones de exiliados venezolanos.

Coso Ferraresi fue secretario de obras y servicios públicos de la municipalidad de Avellaneda desde 2003 hasta 2007 e intendente desde 2009 hasta ahora que pidió licencia. En su gestión, Avellaneda tiene el orgullo de mostrar Villa Inflamable, una zona declarada inhabitable por la Corte Suprema en 2008, donde la contaminación no sólo se huele y se respira. Después de pocos minutos ahí, la ropa empieza a ponerse negra. Ese señor manejará un presupuesto de 126.000 millones de pesos.

Dicen una cosa y hacen lo contrario.

Dicen una cosa y no hacen nada.

Dicen una cosa y otra cosa y otra cosa y otra cosa.

Van a aumentar los impuestos a los celulares y a otros artículos electrónicos, quieren cambiar las reglas de la Justicia para salvar a la mechera intergaláctica, vinieron por todo y gritan.

Alberto Fernández grita.

La Campaña de Desorientación es exitosa sin embargo hay algo que no ha conseguido: confundirnos.

Sabemos muy bien quiénes y por qué quieren desorientarnos.

Y sabemos muy bien que el poder, les guste o no, sigue en nuestras manos.

Nadie se quede callado.