El nuevo coronavirus ha dejado a casi 300 millones de estudiantes sin clases en el mundo, luego de que Italia se sume a la lista de países que cerraron los colegios en un intento por frenar la epidemia que preocupa cada vez más al planeta y amenaza la economía mundial.
Italia, principal foco europeo, que superó el miércoles los 100 muertos (3.089 contagiados de los cuales 107 muertos), y tomó medidas excepcionales: todos los colegios y universidades permanecerán cerrados desde el jueves hasta el 15 de marzo.
Las lecciones en escuelas de todo grado y universidades, y las guarderías, quedarán suspendidas siempre y cuando no se desarrollen a distancia. Se excluye a los estudiantes de posgrado de la rama de medicina y formaciones de la salud.
También quedan prohibidos los viajes escolares, las iniciativas de intercambio y las salidas didácticas o guiadas. Los colegios y universidades de Emilia Romaña, Lombardía y Véneto (norte), las regiones más afectadas, ya estaban cerrados.
A nivel mundial
En las últimas dos semanas, 13 países han ordenado el cierre de escuelas y otros nueve han impuesto medidas similares a escala local para impedir la expansión del COVID-19, señaló en un comunicado la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Corea del Sur, segundo foco de contagio después de China (5.766 infecciones, incluidas 35 muertes) ha prolongado las vacaciones tres semanas en centros educativos y guarderías.

En Irán, donde las autoridades informaron el martes de 15 nuevas muertes (92 en total, 2.922 casos), también se cerraron los establecimientos escolares, se suspendieron los eventos culturales y deportivos y se redujeron las horas de trabajo en las administraciones.
Frente a esto, la Unesco ha convocado una reunión de emergencia de ministros de Educación el próximo 19 de marzo -que se celebrará a distancia, dijeron a Efe fuentes del organismo- para poner en común las diferentes estrategias nacionales para mantener la enseñanza.
“Estamos trabajando con los países para asegurar la continuidad del aprendizaje para todos, especialmente de los niños y jóvenes desfavorecidos que suelen ser los más golpeados por el cierre de escuelas”, dijo la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, en el comunicado.
Para la también ex ministra francesa de Cultura, “la escala global y la velocidad de la actual alteración educativa no tiene paralelo y, si se prolonga, podría amenazar el derecho a la educación”.
