A pesar de lo que disponen las autoridades, la responsabilidad para recobrar algo de normalidad sigue recayendo sobre la ciudadanía. Es aprender, una y otra vez, un nuevo método de convivencia dentro de los parámetros que se van estableciendo. Y saber que, si bien la provincia ha mostrado hasta el momento una situación manejable con respecto a la pandemia, lejos de relajarse, el objetivo es entender que cada esfuerzo, cada gesto de respeto hacia los demás sirve para seguir por el mismo camino.

Más allá de los anuncios y las advertencias de multas para quienes excedan los límites determinados en diferentes tipos de actividades, lo concreto es que el control pasará por uno mismo. Nadie vigilará si una reunión tuvo diez u once personas, si hubo amigos o solamente familiares. Se trata de saber hasta dónde sí y hasta dónde no. Es una suerte de libertad administrada, que, aunque suene duro, es el camino para recuperar confianza después de días de restricción absoluta.