Cuando en una farmacia de Milán, allá por el 1900, el doctor Bernardino Branca acuñó la fórmula, jamás se le hubiera pasado por su cabeza el boom que significaría su bebida cien años después, ni que Córdoba sería el mayor consumidor mundial de su bebida. El 30% del fernet que se produce en Argentina se bebe en la provincia mediterránea. El año pasado se produjeron más de once millones de litros –dos millones más que en el 2001– y para este año se aguarda una producción de trece millones.

    Es la bebida alcohólica con mayor crecimiento en el país. Los inmigrantes italianos que desembarcaron a principio del otro siglo venían con sueños para cumplir y una botella lista para descorchar. Ante el menor mareo en el barco usaban el fernet, también lo hacían para potabilizar el agua criolla. Yo recuerdo que, en mi infancia, ante cualquier malestar, sobre todo del estómago, lo aconsejado era un poquito de fernet. A alguien se le ocurrió un día mezclarlo con una bebida cola y el asunto gustó.

    El problema es que la graduación alcohólica del fernet es alta y muchas veces no se miden bien las consecuencias y entonces, resultados a la vista, la borrachera. Pensar que lo que ideó el bueno de don Branca como un elixir cercano a una medicina iba a transformarse en una moda tan popular, que es uno de los negocios más florecientes del país.No hay dudas de que es rica la fórmula, si no, no sería tan popular, pero bueno, todo a su medida. Que cuando uno diga salud, sea salud de verdad. A propósito, a un amigo mío le dicen Fernet Branca, negro, amargo y se cree el mejor.