Buenos días, a pesar de todo. Sé que estás más preocupado/a que glaciar sanjuanino porque entramos en época de exámenes y será el momento de demostrar que estáis preparados para aprobar. Los nervios sufren aumentos significativos y el reloj se transforma en un enemigo implacable. El sueño no te ayuda, porque cuando estabas a punto de entender la primera ley de Newton te dormiste y cuando despertaste, Newton ya no estaba. Te ponés caracúlico y todo te cae mal, para colmo, se te terminó el fernet. Pues bien, para darte una ayuda en este momento crucial para tu vida, me he tomado la tarea de redactar las nuevas leyes de Murphy para estudiantes que están por rendir. Aquí van. Leyes de Murphy del estudiante: si pensás continuamente en las dos bolillas que no estudiaste, son las dos bolillas que vas a sacar. Lo que no entró en tu cabeza en 365 días no puede entrar en dos horas. Ni lo intentes. Las respuestas que sabés a la perfección nunca te serán preguntadas. El compañero que tenés al lado nunca sabe las respuestas, exactamente como vos. Cuando necesites consultar un libro en la biblioteca, las páginas que te sirven estarán arrancadas. No busques confianza en tu familia, ella te conoce muy bien. El 80% del examen final versará sobre la clase a la que faltaste y el libro que nunca leíste. Cuando sepas todas las repuestas te cambiarán todas las preguntas. Si te estás divirtiendo mientras estás estudiando es que no estás estudiando. No vale la pena hacerse el/la simpático/a frente al profesor, la simpatía no forma parte del programa de estudio. Nunca encontrarás los temas de examen en la Playstation. Mejor que andar con machetes es estar afilado. Si la letra te sale temblorosa y movida es probable que el profesor se pregunte ¿por qué tendrá miedo este muchacho/a? Lo que no tenés en los apuntes no te lo da Wikipedia. No causará buena impresión que entres al aula de examen con el papel higiénico en la mano. Tu madre y tu padre ya dejaron de estudiar, no te las agarrés con ellos. Las neuronas no se venden en el shopping. La suerte es una sola, no se puede ocupar en el mismo momento de vos y tus treinta compañeros. Si al empezar un libro leés “epílogo” es que lo abriste al revés. Los mejores apuntes son aquellos a los que no le entendés la letra. Mantenete callado, los profesores saben que el alumno que más habla es el que menos sabe. No consultes con tus compañeros, ellos saben menos que vos. Y la última ley: estudiar para rendir no es estudiar para aprender, y esto es lo más importante.