Tras el sismo de 6.4 en San Juan, el gobernador Sergio Uñac destacó que no hubo víctimas fatales gracias al plan sistemático que se lleva adelante hace décadas en esa provincia para construir viviendas sismorresistentes y erradicar las precarias, de adobe y cañas.

En Mendoza aún existen este tipo de construcciones en pie y otras con alto riesgo de derrumbe. Sin embargo, no todos los municipios del área metropolitana las tienen cuantificadas y localizadas. 

El último relevamiento unificado que se conoce es del Censo de 2010 y da cuenta que, de un universo de 500.000 viviendas, cerca del 10% tenían entre sus materiales de construcción barro, paja y caña, aunque el paisaje de la provincia ha cambiado en la última década.

Luego del terremoto de la semana pasada, la ingeniera Graciela Maldonado, directora del Centro Regional de Desarrollos Tecnológicos para la Construcción, Sismología e Ingeniería Sísmica (CeReDeTeC) alertó sobre la necesidad de desarrollar una respuesta eficaz para actuar si, en medio de la pandemia de coronavirus, ocurre un terremoto de gran magnitud.

En el Gran Mendoza se han verificado en algunos municipios unas 2.000, no obstante, en Guaymallén reconocen que pueden llegar a haber cerca de 13.000 construcciones de adobe y mixtas, que se han detectado a través de inspecciones o denuncias.  

A partir de 1944 se prohibió utilizar este material para edificar por lo que aún quedan inmuebles de más de 50 años de antigüedad, cuando las pautas constructivas eran menos exigentes. Como consecuencia, los barrios donde se emplazan son consideradas de alto riesgo. 


Las zonas críticas, por departamento

En la Ciudad de Mendoza han identificado 1.399 domicilios de adobe y mixtos (datos del 2018). 

Martín Caredú, subsecretario de Ambiente y Planificación, detalló que no todas están habitadas y que otras fueron demolidas en los últimos años. 

Las demarcaciones más preocupantes están en la zona vieja de la Ciudad. “La Cuarta sección, con 835 viviendas, seguido por la Sexta (375) y la Quinta (224)”, afirmó.

En lo que respecta a Guaymallén, el intendente Marcelino Iglesias dijo que se estiman unas 15.000, pero tras el fuerte temporal del 2016 que produjo anegamientos y evacuaciones se derrumbaron hasta la fecha unas 2.000 que corrían peligro de colapso.

“Todas las semanas se emiten actas de riesgo 1, donde se indica qué locaciones ya no pueden ser habitadas. Se estima que un tercio eran de adobe puro. Aunque no tenemos actualizadas las cifras, evaluamos que tenemos cerca de 2.000 casas menos”, contó el jefe comunal, quien sostuvo que muchas no son fáciles de identificar porque están pintadas y revocadas y otras vigadas.

Por su parte, Luján de Cuyo contabilizó en el último año 2.946 parcelas con construcciones de adobe. Un 34% en ciudad, entre las que se encuentra el viejo edificio municipal. 

Le siguen los distritos de Mayor Drummond (16,33%), Chacras de Coria (12,12%) y  Perdriel (10.35%) con el mayor porcentaje.

En Godoy Cruz, desde el 2016 hasta la fecha, se han demolido 160 obras de este tipo, pero siguen preocupando las que continúan en los barrios más añosos como Villa Hipódromo y Villa Marini.

“Las que quedan en pie no las podemos precisar porque no tenemos un relevamiento exacto, sí el municipio en el año 2016 implementó un programa de la eliminación de adobe con el objetivo de que las que se encuentra en mal estado y eminente peligro de derrumbe, el municipio realiza la demolición”, refirió Alejandro Cartofiel, de la Dirección de Obras Particulares.

A su vez, desde Maipú, Gustavo García Bosco, responsable de Vivienda, destacó que “históricamente la comuna se caraterizó por tener gran cantidad de edificios de adobe debido a las características del suelo que da la posibilidad de que se mantengan en pie y en buenas condiciones”.

No obstante, marcó que el “dato histórico se ha ido revirtiendo ya que Maipú ha sido elegido por muchos ciudadanos para vivir y han ido erradicando construcciones precarias. Además, a través del área de viviendas se viene trabajando con inspecciones permanentes para ir solucionando el problema habitacional, dándoles la oportunidad a los vecinos de que vayan volteando este tipo de obras”, dijo y explicó que para llevar adelante esta tarea a gran escala es necesario el financiamiento provincial y nacional.

El funcionario subrayó que el departamento tiene dos perfiles diferentes. “Tenemos el Gran Maipú donde se concentra la mayor cantidad de población, en Centro Gutierrez, Luzuriaga y Coquimbito. Sumado a una zona rural muy amplia”.

Bajo esta órbita, consideró que es necesario realizar un nuevo censo de población. “Si bien sabemos dónde se encuentran, es real que no hay un número actualizado”, dijo.

Estiman que las zonas rurales de Rodeo del Medio, Beltrán, San Roque, Santa Blanca, Los Álamos, Isla Chica e Isla Grande son las que mayor porcentaje de casas podrían derrumbarse ante un fuerte sismo.

“Quedan en el microcentro alguna que otra, pero han sido refaccionadas”, consideró.

Finalmente, en Las Heras, luego de llevar adelante un relevamiento en 2016, se identificaron 67 construcciones en peligro de derrumbe (sin especificar el material ni la zona) y más de 240.000 metros de obras clandestinas, según los últimos registros del 2020.

“Desde la Dirección de Obras Privadas se propuso un plan de regularización de obras no declaradas para que, en medio de la crisis económica, los vecinos puedan poner al día y en orden sus propiedades. Además estamos con el programa municipal Mi Casa Mi Vida que busca dar respuesta al déficit habitacional”, informaron desde la comuna al frente de Daniel Orozco.