Douglass Mackey publicó en octubre, desde su cuenta un meme en Twitter con el título: “Sáltate la cola. Vota desde casa. Envía Hillary al 59925. Vota por Hillary y se parte de la historia”. El mensaje emplea la tipografía, logos y elementos de estilo de la candidata demócrata y va acompañado de una letra pequeña (como sucede en los anuncios electorales de Estados Unidos) con un pseudoaviso legal: “Debes ser mayor de 18 años para votar. Solo un voto por persona. Debe ser un ciudadano legal de EEUU. El voto por mensaje no está disponible en Guam, Puerto Rico, Alaska y Hawaii. Pagado por Hillary for President 2016”.

Douglass Mackey fue detenido por el FBI acusado de un delito por conspirar contra los derechos fundamentales. Es enviado ante un juez de Florida y sale en libertad bajo fianza a la espera de juicio. De ser hallado culpable puede pasar 10 años en prisión.

El affidavit del caso hace mención específica al formato de “memes” que Mackey y los otros tres conspiradores empleaban “con el deseo de que esos memes influenciasen el comportamiento de quienes los vieran”. Concretamente, para hacer creer que los SMS y las redes sociales eran formas de voto válidas de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

Se trata de un caso histórico en la jurisprudencia norteamericana en la que unos memes se han convertido en el medio para (presuntamente) atentar contra un derecho básico recogido en la constitución del país.

“El defendido explotó su plataforma en redes sociales para infringir uno de los derechos más básicos y sagrados que garantiza la Constitución: El derecho a voto”, asegura el fiscal asistente en el caso, Nicholas L. McQuaid.

El acusado se encuentra imputado por vulnerar la sección 241 del título 18 del Código de Justicia de Estados Unidos pensado para castigar a quienes, en una asociación de “dos o más personas conspire para dañar, oprimir, amenazar o intimidar a una persona” de “ejercer un derecho o privilegio asegurado por la Constitución y las Leyes de EEUU”.

De este modo, la fiscalía y el FBI entienden que las distintas versiones del meme que Mackey compartió a través de las redes sociales serían equivalentes a robar votos emitidos en una urna, según la fiscalía.

“Lo que Mackey hizo presuntamente fue interferir con el proceso -al solicitar a los votantes que depositaran su voto a través de mensaje de texto- equivale a nada menos que el robo de votos. Es un comportamiento ilegal que contribuye a la erosión de la confianza del público en nuestro proceso electoral”.

Según el escrito de imputación, el acusado contaba con 58.000 seguidores en twitter y un estudio del MIT situaba a Mackey en el número 107 de las cuentas más influyentes de cara a las elecciones de 2016 con más influencia que cadenas de televisión tradicionales, como la poderosa NBC, que ocupaba el puesto 114 en el ranking.

La denuncia contra Mackey alude a distintos mensajes, memes y campañas de desinformación en las que el influencer participó junto a tres personas que no aparecen identificadas en el escrito con el fin de probar la existencia de la conspiración y que esta fue prolongada en el tiempo.

Sin embargo, pese a que en las cuentas que Mackay utilizaba para operar eran habituales otros memes con desinformación, engaños o contenido antisemita, solo ha sido imputado por aquellos mensajes que se centraban en hacer creer a los ciudadanos que podrían votar por Hillary Clinton por SMS, pese a que no se trata de una forma de voto válido.

Mackey y sus asociados eran conscientes de que sus mensajes pretendían sembrar la confusión en lo que ellos consideraban una serie de “psyops”, acrónimo de Operaciones Psicológicas, en inglés.

Miles le creyeron

Además de forma autónoma, estas “operaciones psicológicas” amateur para influenciar el voto en los Estados Unidos también se han realizado de forma coordinada con candidaturas del partido Republicano de EEUU. De hecho, en el transcurso de la investigación, un congresista republicano reconoció que Mackay prestó servicios para su campaña y mantener una habitual correspondencia por email, aunque aseguró no haberle conocido en persona.

¿Qué peso específico tienen este tipo de memes e iniciativas sobre el voto? Esta suele ser una pregunta difícilmente cuantificable. Sin embargo, en el caso de los memes que invitaban a votar por SMS a través de Hillary Clinton, el FBI fue capaz de recopilar 4.900 números de teléfono distintos que habrían enviado los SMS siguiendo las instrucciones del meme. Sin embargo, el documento no aclara cuántas de esas personas fueron conscientes del engaño y pudieron emitir su voto a través de una vía legalmente válida (en persona o por correo) antes del cierre de las urnas.