En las calles de tierra de Villa del Parque, ahí por Juncal y Chiclana, se podían hacer arcos con cuatro piedras y las dos acequias marcaban los laterales. Las líneas de los arcos eran imaginarias y el griterío de los pibes se revolucionaba cuando la pelota pasaba el límite ¿o no? Era para fines de la década del ’60 cuando los músculos cansados de esfuerzos, de Mario Videla decidieron abandonar la primera de Gimnasia y Esgrima. El fútbol de Mendoza lo conoció como el Panza Videla, defensor central que salía jugando y nunca reventaba la pelota por el aire. Como el manual del Lobo del Parque enseñaba a la mayoría de los jugadores.

Y entre los arcos de piedra, con las tribunas populares imaginarias, en las veredas; se lo veía al Panza, disfrutando de uno de sus 7 hijos. O también, desde la platea- en la comodidad de las casas-, acodados en los marcos de las ventanas, los vecinos se deleitaban tomando mate y mirando a los pibes.

Había uno que traía en los genes la habilidad en el control de la pelota. Y lo más fácil para todos fue ponerle de apodo, en diminutivo de su padre. El Pancita marcaba diferencias con los otros chicos. En los setenta el Panza no veía la hora de llevar a su hijo a las inferiores, mientras jugaba al baby fútbol (como se le llamaba al fútbol infantil). Lo esperaba la cancha grande de calle Lencinas en el Parque General San Martín.

El padre siempre le vaticinó un gran futuro a su hijo, lo aconsejó que se cuidara, que no dejara de entrenar, que se acostara temprano y así se perdió de asistir a varias fiestas familiares, cumpleaños de 15 de primas y amigas.  El fútbol le reclamaba conducta y sacrificio. Varios de sus compañeros con talento en crecimiento se quedaron en el camino por los obstáculos que representaban la cerveza, las salidas a bailar o simplemente esas largas juntadas, de noche, en las esquinas del barrio. Don Panza cuidaba a su Pancita.

Veía en el camino varias estrellas y pensaba: “Este pibe tiene que llegar lejos, va a triunfar afuera, en el fútbol profesional”. Le tocó debutar en la primera del Lobo con 17 años y tuvo la suerte de integrar ese equipo que fue campeón de la Liga Mendocina cuatro años seguidos- de 1980 a 1983-. Integró dos de esos planteles campeones (80 y 81) con el Gringo Reggi, Vicino, Badía, Morán, Colchón Herrera, Coqui Muñoz, Méndez, Rogel, Avendaño…

Su acercamiento al fútbol grande

Sus primeros acercamientos con el fútbol grande fueron en los Nacional de 1981 y 1982 con Gimnasia. El juvenil estuvo en la vidriera, se mostró y fueron varios equipos que pusieron la atención sobre ese volante que jugaba por la derecha, que daba pases largos y certeros y le pegaba muy bien en los tiros libres. Pero fue Argentinos Juniors el club que se llevó a Videla y al grandote que jugaba de 5 (el riojano Guillermo Colchón Herrera). También coincidió con la incorporación de Carlos Ereros (nacido en Buenos Aires y formado en Atlético Argentino).

Don Panza había logrado el sueño de colocar al Pancita en el fútbol profesional. El equipo de La Paternal jamás había sido campeón de Primera y tenía el antecedente del segundo lugar en 1980, con Diego Maradona.

En 1983 llegó como DT Angel Labruna y armó un gran equipo con varias figuras, que habían pasado por River Plate, pero murió en setiembre y lo remplazó Roberto Saporiti . Lo mantuvo de titular indiscutido a Mario Videla y fue armando una formación que hizo historia en los Bichos Colorados.

El Nacional 1984 se jugó en los primeros meses, y fue consagración de Ferro, después llegó el turno del Metropolitano en donde Argentinos Juniors jugaba haitualmente con: Vidallé, Villalba, José Luis Pavoni, Jorge Olguín y Domenech; Videla, Sergio Batista y Emilio Commisso; José Castro, Pasculli y Ereros. También entraban J.J. López, Morete, Lemme, Olarán, Pellegrini y estuvieron sólo dos partidos: Borghi y Corsi.

El Pancita junto a Batista, Commisso, Olguín y Vidalle estuvieron presentes en los 36 partidos del torneo. Pedro Pablo Pasculli anotó 21 goles, Olguín 11, Ereros 9, Castro 8 Morete y Videla 5 entre los más anotadores del equipo. Argentinos fue campeón con 20 triunfos, 11 empates y 5 derrotas y superó por un punto a Ferro.

Con 22 años (nació el 28/1/1962) Mario Hernán Videla le rendía honor al “Panza grande”, al hombre que más confió en su carrera, al que lo impulsó, lo apoyó y lo guió para que tuviera un destino en el fútbol mayor. El 23 de diciembre de 1984 Argentinos Juniors le ganaba a Temperley, 1 a 0, por la fecha 36° con un gol de penal de Olguín. El “Panza chico” fue el mejor de la cancha, en el estadio de Ferro, y fue tapa de El Gráfico. Los hinchas invadieron la cancha y jugadores como Lemme y Domenech terminaron a las piñas con los que les desgarraban la ropa para llevarse como trofeos.

Este equipo hacía figurar por primera vez a Argentinos Juniors en la lista de campeones. No sería el único. La historia le daba lugar a otras proezas posteriores.

El niño que ponía las piedras para armar los arcosm nunca se olvidó de los consejos de su padre, de las canchas de tierra de Villa del Parque, de los esquives a las motos y los autos, que se les ocurría pasar por la calle, convertida en “estadio”. El Pancita inflaba el pecho con la camiseta roja y la publicidad de 7up en lugar de escudo. Nunca se olvidó de sus orígenes, ni de sus seis hermanos.  Estaba en el umbral de fama del fútbol argentino y seguiría por más. Como dijo el Panza Videla “Este pibe va a llegar lejos”. Y la trascendencia le tocó el hombro, le guiñó un ojo.

Y el Pancita, esa noche tras los festejos, cuando llegó a su vivienda, antes de entrar, vio dos latas de gaseosas tiradas, las acomodó a dos metros de distancia y levantó un corcho de sidra al lado del cordón. Tomó carrera y clavó un golazo. Como en las calles de Villa del Parque.