En tiempos de pandemia, muchos buscan la forma de poder ayudar a otros desde sus hogares. A través de pequeños actos intentan ser solidarios para poder darle una mano a quienes lo necesitan. Este es el caso de un joven mendocino que decidió sumarse a una iniciativa y da clases de apoyo a jóvenes del Barrio 31 en Buenos Aires.

Juan Ignacio Haudet tiene 31 años y es ingeniero civil. Vive en el barrio Unimev y trabaja en la Municipalidad de Guaymallén. A principios de la cuarentena vio una convocatoria por Facebook donde solicitaban personas para dar apoyo chicos del Barrio 31, más conocido como “Villa 31” en la Ciudad de Buenos Aires.

Así, Nacho -como lo llaman sus amigos- decidió sumarse a la convocatoria “Apoyo Escolar Barrio 31” que ya cuenta con más de 50 tutores de diferentes puntos del país y cerca de 100 alumnos.

Esta iniciativa surgió porque “uno de los chicos daba skate en la villa. Al cortarse por el tema de la pandemia, las mismas familias les pidieron ayuda y ahí salió la idea de hacer el apoyo” para que no pese tanto el no asistir a los establecimientos educativos y puedan ayudarlos a mantenerse al día.

Esta no es la primera vez que ofrece su ayuda. “Antes de recibirme daba apoyo escolar en el Campo Papa, con un programa que se llamaba ‘De la esquina a la escuela’”, indicó.

Hans

El mendocino se ofreció para brindar apoyo en clases de Física y Matemáticas. “Empecé a ayudar a un nene, Hans. Él es de Perú y se vino justo antes de la pandemia. En las vacaciones arrancó con la escuelita de skate y lo agarró esta situación”.

El niño cursa quinto grado, tiene 11 años y recibe apoyo en Matemáticas. Se reúnen dos veces por semana a través de videollamadas y, además de ayudarlo con las tareas, también charlan y juegan.

Sin embargo, Haudet no está solo en esta aventura -que lleva adelante desde hace casi tres meses- ya que los tutores del interior tienen una pareja pedagógica de Buenos Aires para que, una vez que finalice el periodo de aislamiento obligatorio, puedan continuar con el vínculo presencial.

“Es super gratificante lo que el chico te devuelve, más allá del apoyo académico en sí, es saber que tenes que apoyar a una persona que la está pasando mal, mucho más que nosotros”, contó.

Si bien reconoció que entre el trabajo y sus obligaciones esta ayuda es “demandante” debido al tiempo que debe dedicarle, “en lo personal me encanta, me gusta sentirme útil”, acotó.

“Esta semana (Hans) estuvo enfermo, pero no era nada grave. Si está cansado hacemos otra cosa, jugamos”, resaltó el mendocino y destacó que la mamá del menor “está muy presente. Tenemos un grupo de WhatsApp y ella está muy agradecida porque él tenía problemas conductuales y no tenía amigos. La pandemia lo afectó mucho. Sin embargo con nosotros es muy bueno”.

En ese sentido, acotó que el tiempo que se le dedica a los chicos es lo que marca la diferencia. Y que, en ocasiones, más allá del apoyo en Matemáticas también practican cuestiones vinculadas a la lectura o a entender consignas.

Además, el mendocino sostuvo que hay ocasiones donde las tareas pasan a segundo plano quizás porque el niño no está bien. “Las dejás a un lado y hacés otra cosa, charlás, lo acompañás o simplemente jugás a la distancia”, explicó.

Con respecto a la conectividad, indicó que Hans tiene las posibilidades tecnológicas de poder mantener las clases ya que, cuando comenzó la pandemia, se mudó a la casa de una tía. 

Sin embargo, lamentó que “hay chicos que realmente no tienen nada o familias con un solo celular. También que viven hacinados, otros con COVID o dengue”.

Ante esta situación, desde el grupo de apoyo iniciaron una colecta en Buenos Aires a fin de acercarles celulares, computadoras, tarjetas con crédito para el teléfono para ayudarlos a que el aislamiento les pese un poco menos y puedan estar conectados.

Los encuentros de los sábados

A fin de poder perfeccionarse y comentar el avance con los alumnos, los sábados se reúnen vía Zoom con los organizadores. Durante esos encuentros, Haudet comentó que además de relatar cómo ha sido la semana, “va alguien y nos muestra la realidad de la villa o mantenemos una charla con algún especialista en educación para que nos explique cuestiones básicas y podamos avanzar un poquito más”.

En ese sentido, resaltó que hay historias en el Barrio 31 “que son más jodidas, con temáticas que son más difíciles de abordar. Por eso también a los encuentros vienen psicólogas o psicopedagogas que nos brindan herramientas en caso de que veamos alguna situación”.

“Hay planes a futuro, una vez que esto pase, de poder viajar a Buenos Aires y estar con ellos. En principio pensábamos en el Día del Niño, pero no creo que se pueda. Pero si se da, iré”, concluyó.