Leopoldo Jacinto Luque murió este lunes a los 71 años de edad tras haber padecido COVID 19. El ex delantero dejó un legado y muchas historias dentro del fútbol.
El martes 6 de junio de 1978 la selección argentina venció 2 a 1 a Francia en el estado Monumental y logró la clasificación a la segunda ronda del Mundial. “Ese día jugué uno de los mejores partidos de mi vida”, recordaría luego Leopoldo Jacinto Luque, autor del gol del triunfo que jugó el encuentro sin saber que algunas pocas horas antes su hermano había fallecido en un accidente de tránsito.

Oscar Luque tenía 25 años y perdió la vida en un accidente automovilístico cuando viajaba de Santa Fe a Capital Federal para ver el partido en el estadio de River, por la segunda jornada del Grupo A.
“Él fue tarde a sacar el boleto del micro. En lugar de irse a su casa, se fue a la casa de mis padres y se encontró a un amigo que también se venía para Buenos Aires. Yo le había dejado las entradas a un dirigente de River para que se las entregara. A la altura de San Isidro, por la Panamericana, hay una curva y se llevaron por delante un camión”, contó Luque en PH Podemos Hablar.
Y continuó: “Mis padres y la esposa de mi hermano dieron la orden de que no me avisaran. Yo juegue sin saberlo y me rompí el codo, no lo hice para hacerme el héroe. Cuando me levanté al otro día, noté que ellos estaban raros, pensé que venían a verme por la lesión. Pero mi papá me lo contó todo, no lo podía creer. Fui a reconocerlo en medio del Mundial y lo llevé a Santa Fe”.
En una entrevista con el diario Clarín el exfutbolista contó más detalles de ese doloroso momento. “Después de hacer el gol (a Francia), caí al piso y sentí un dolor tremendo en el codo. Los médicos me atendieron, me anestesiaron y me vendaron. Me querían llevar al vestuario y me negué. Menotti ya había realizado los dos cambios y, aunque ellos me pidieron que no arriesgara, les rogué que me dejaran terminar el partido. ¿Sabes por qué? Yo creía que mi familia estaba en el estadio, y no quería que se preocuparan por mi lesión. Al reingresar al campo de juego me sentí más tranquilo”.
A continuación, un extracto del reportaje con ese medio.
– ¿Cuándo te enteraste de la muerte de tu hermano?
– Recién al otro día. Estaba durmiendo en la concentración cuando me avisan que estaban mis padres. Me llamó la atención porque era temprano, muy temprano. ‘Vienen a ver cómo estoy del codo’, pensé, ya que me habían diagnosticado una luxación. Lamentablemente no fue así.
– ¿Y entonces?
– Me fui de la concentración y me hice cargo de todo. Absolutamente de todo. Los militares se ofrecieron para ponerme un helicóptero y me negué. Todos los trámites los hice solito, solito. Mi hermano murió carbonizado y yo no quería que mis viejos lo vieran. Contraté una ambulancia y me hice cargo de la situación.
– ¿Pensabas en la Selección?
– No podía. Miraba a mis padres, que estaban destruidos, y pensaba en ellos. ‘No vuelvo más’, dije.
– ¿Viste el partido siguiente, con Italia?
– Estábamos trasladando el cuerpo a Santa Fe cuando mi padre encendió la radio. Fue en el momento que los equipos salían a la cancha. Muñoz dijo que se iba a hacer un minuto de silencio y contó que los jugadores tenían una bandera que decía “Leopoldo, te esperamos”.
– ¿Cómo fue que, finalmente, regresaste a la concentración?
– El encuentro con Polonia lo vi por televisión en mi casa. No tenía ganas de volver. Cuando terminó el partido mi viejo me dijo: “Leo, tenés que reincorporate. Tenés que estar, Dios quiso que así sea”. Me convenció, y mi tío me llevó en auto hasta Rosario.
– ¿Te recibió Menotti?
– La verdad que todo el grupo se portó bárbaro, diez puntos. Me sentí acompañado todo el tiempo. Menotti, incluso, me autorizó para que mi familia vaya a verme las veces que sean necesarias. Y así fue. Al otro día, vinieron todos. Pero me di cuenta que no eran todos. Faltaba mi hermano… Me hizo mal y entonce hablé con la familia y les pedí que hagamos una vida normal.
– Y jugaste contra Brasil, un partido clave.
– Menotti, después de la práctica, me llamó aparte. “Pulpo, quiero que juegues”. Me concentré en el partido y lo jugué. No anduve bien, es verdad, pero estuve. Después vino la recordada goleada contra Perú, que nos dio el pase a la final. Hice dos goles, uno se lo saqué a Passarella, que todavía hoy me lo reclama.
– Hasta que llegó la final con Holanda.
– No se nos podía escapar la Copa en nuestra casa. Fue un partido duro, pero por suerte lo ganamos. Recuerdo que cuando el italiano Gonella pitó el final, Omar Larrosa pegó un salto y me dijo: “Leo, campeones”. Y nos abrazamos. Por un instante quedó como un zombie. La gente cantando, festejando y yo pensando en mi hermano.
– ¿Tuviste fuerza para festejar?
– A la noche el plantel se juntó para cenar pero fui el primero en irme; mi familia me estaba esperando en un departamento de Belgrano. Me escapé de la fiesta custodiado, y cuando llegué a casa había mucha gente esperándome. Me largué a llorar y me desahogué.
