La fiscal Claudia Ríos y los policías de Investigaciones que forman parte de la causa por el asesinato de Omar Camel Jofré (36), jefe de la barra brava de Independiente Rivadavia, trabajan contrarreloj para atrapar a el o los autores del ataque.
Han sumado pruebas de importancia en las últimas horas y, aseguran, están cerca de tener resultados positivos. Es más, esperan tenerlos antes del martes 12, cuando la Lepra juegue en el Bautista Gargantini y reciba al puntero de la B Nacional, Sarmiento de Junín.
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Los pesquisas temen que haya encontronazos entre la parcialidad más violenta de la hinchada y la policía si la causa no está encaminada, más por las balaceras ocurridas hace pocos días en el Hospital Lencinas, donde murió el Camel, después de la denuncia por amenazas que radicó un médico del lugar.
Con el paso de los días, los detectives con años de experiencia en el oeste de Godoy Cruz no dudan en afirmar que el Camel era un sujeto “pesado” en la zona de los barrios de esa zona, más allá de su personalidad carismática y entrañable. Y señalan que no se le conocía una actividad legal después de salir de la cárcel en el 2018 –a pesar de que decía que era empleado municipal– y que sus ingresos eran por la venta de drogas, principalmente cocaína, a través de diversos soldados.

No lo posicionan como un jefe narco pero sí como un distribuidor de importancia ligado al narcomenudeo. La afirmación está argumentada: al Camel Jofré, hermanastro de otro barra que ha pisado la cárcel en más de una oportunidad –Omar Bebe Rojas, de quien estaba alejado porque hace unos años buscaron liderar la barra leprosa–, fue detenido el 4 de abril del 2014 con cocaína y elementos de corte y fraccionamiento en su poder.
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Tenía pedido de captura por un asesinato, el de Raúl Orozco, perpetrado en enero de ese año y por el que fue absuelto porque los mismos testigos que lo ubicaron en la escena luego se desdijeron en el juicio por amenazas que habían sufrido– y lo atraparon luego de una intensa persecución por las calles de Ciudad.
La captura del Camel Jofré no fue sencilla. Hasta una efectivo resultó herida. A las 21.40 de ese día, efectivos del Departamento de Escuchas Telefónicas de la Dirección General de Lucha contra el Narcotráfico realizaban tareas operativas sobre calle Montecaseros cuando observaron la presencia del Camel cerca del cruce con Santa Fe, en la Cuarta Sección.
El barra caminaba en soledad y los policías lo identificaron rápidamente. El pedido de detención era del 22 de enero en la causa Nº6.106/14 –el crimen de Orozco– y los policías fueron a capturarlo.
El Camel se subió a su auto, un Citroën C3 bordó dominio FIT021, y se inició un seguimiento. La huida del prófugo terminó cuando fue interceptado sobre calle Honorio Barraquero y le cruzaron una movilidad para cortarle la circulación.
Le impidieron la marcha pero el Camel trató de escapar: hizo marcha atrás y chocó a una de las movilidades. Esa acción le produjo lesiones a una de las auxiliares policiales que participaba en el operativo.
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A pesar de esto, los agentes lograron reducir al hombre, a quien buscaban desde hacía poco más de dos meses.
Al momento de la identificación y el registro, los efectivos encontraron en el bolsillo izquierdo de su campera cinco envoltorios de nailon transparente y anudados en sus extremos. Realizaron un test orientativo y el resultado fue positivo en cocaína.
El barra transportaba entre sus pertenencias de vestir 49 gramos del polvo blanco. También le incautaron un celular marca Samsung. Con el Camel tras las rejas, los policías de la Unidad Investigativa de Godoy Cruz desarrollaron un allanamiento en la vivienda donde pasaba sus días –lejos de su domicilio de la manzana D del barrio Bicentenario, de Godoy Cruz–, en Montecaseros 2578.
El objetivo de los detectives era encontrar algún arma de fuego vinculada al asesinato de Orozco. Sin embargo, no hallaron lo que buscaban.
Lo que sí detectaron fue una cocina de cocaína: secuestraron cuatro tubitos de plástico transparentes con tapa con escasos restos de cocaína, cinco bolsitas de nailon anudadas y dos envoltorios de papel blanco, también con la citada droga.
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Al realizar el pesaje del estupefaciente que había en la propiedad detectaron que había 80 gramos. En otro sector dieron con otro gramo de cocaína en una dosis y la misma cantidad de marihuana. Además, incautaron dos balanzas digitales, una gris y la otra color plomo.
En la requisa de la habitación en la que funcionaba la cocina encontraron sobre una alacena y dentro de un vaso de vidrio con la inscripción Boca Juniors, 11 pequeñas bolsas de nailon vacías y cuatro trozos de papel de distintas dimensiones con anotaciones varias en cifras y gramos.
La Justicia federal procesó a Jofré por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. Y el 3 de marzo del 2016 fue encontrado culpable en un juicio presidido por los jueces Daniel Petrone, Waldo Piña y Gretel Diamante, siendo condenado a 4 años y medio de encierro.
Esta sentencia confirmó que el Camel se dedicaba al narcomenudeo y que su relación con la barra de la Lepra también le permitía realizar este tipo de actividades delictivas.
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Así las cosas, la investigación por el asesinato del Camel se ha transformado en el caso más importante a resolver para los detectives del Gran Mendoza.
Buscan evitar ataques a la policía y también el resurgimiento de una nueva guerra de bandas. Aseguraron que el expediente está encaminado, pero, a diez días, no se han registrado capturas.
