La presentación en sociedad de Martín Guzmán como máximo responsable del manejo de la economía en Argentina fue, más que nada, la exposición del cuadro de situación que todos conocen pero que había que poner en relieve: la realidad es muy complicada y los caminos para salir son pocos y angostos.
Es un sinceramiento que coloca al nuevo gobierno frente al desafío de resolver un problema cada vez más intrincado y, al mismo tiempo, generar políticas públicas que puedan frenar la recesión y evitar que la falta de consumo, el aumento del desempleo y la inflación sigan fabricando pobres.
Guzmán pidió calma. Y tal vez esa sea la palabra clave. Es un estado de ánimo difícil de conseguir en un país acostumbrado a los vendavales. Quizás sea hora de entender que esa es la única manera de detenerse para ver cuál es la mejor salida. Ni recesión ni medidas mágicas para vivir en la ficción. Simplemente, calma.