Por lo que se intuye, en un tiempo y una agenda dominados ciento por ciento por la pandemia del nuevo coronavirus, el discurso que el gobernador dará el viernes ante la Asamblea Legislativa, por supuesto que deberá girar alrededor de la emergencia sanitaria obligadamente, describiendo las prioridades de un gobierno que, a poco de andar, debió cambiar todos y cada uno de los objetivos que tenía planteados de un solo golpe, de la noche a la mañana, sin posibilidad alguna de acomodarse ni de prepararse al tsunami que se le vino encima al mundo, por otra parte.

El Covid-19, la peste de característica global, no debiese convertirse, no obstante, y, pese a la severidad que ha demostrado, en la excusa o en la justificación amplia a la que se apelará, sin dudas de eso, cuando llegue el momento de tener que explicar el derrumbe de todos los indicadores económicos que ubicarán a la provincia por mucho tiempo por delante en una zona de zozobra y de lamentos generales hasta que pueda comenzar a ver la luz. Pero, ningún gobierno, tampoco el de Rodolfo Suarez en la provincia, ni mucho menos el de Alberto Fernández en la Nación, resistirán la tentación de jugar esa carta tan a la mano para esconder o disimular desaciertos o incapacidades. Es de humano podría decirse, por otra parte, y una cuestión que, además, podrá analizarse mucho más adelante, tanto más adelante que pocos pueden llegar a imaginar el momento justo para señalar que nos libramos del maldito virus y de todo lo que habrá dejado como estela perniciosa.

Lo que la pandemia precipitará, sin embargo, será el llamado a la conformación de un ámbito de discusión que desde mucho tiempo a esta parte los gobiernos, independientemente del color político y de cualquier ideología, se han resistido a convocar. En medio de las dificultades y penurias económicas por las que transitó, el gobierno de Mauricio Macri evitó hacer tal convocatoria. Tampoco lo ha hecho, todavía, la administración de Alberto Fernández. En la provincia y antes de Suarez, Alfredo Cornejo consideró injustificable apelar a una medida de esa naturaleza.

Pero hoy las cosas han cambiado, y las circunstancias claro que también. Tanto que el viernes, Suarez, cuando lea su discurso ante la Asamblea Legislativa de forma virtual, por videoconferencia y en contacto con los diputados y senadores de la provincia, anunciará la conformación de un consejo económico, político y social abocado a discutir y analizar todas y cada una de las medidas que se tendrán que tomar para enfrentar la última parte –se cree en el mejor de los casos– de la expansión del coronavirus y de lo que quedará de una provincia devastada en muchos de sus frentes, quizás en su mayoría, por culpa de la peste.

La convocatoria a tal consejo, amplio, que incluiría a los partidos políticos, a las empresas, a los sindicatos, a los credos religiosos y a “ciudadanos de a pie”, fue adelantado como al pasar por el propio Suarez ayer, pasado el mediodía, cuando anunciaba los detalles de las salidas recreativas que, en medio de la cuarentena, se han permitido en toda la provincia.

Es probable que este consejo, próximo a conformarse, se sume a esa serie de ámbitos con los que consulta Suarez para decidir medidas mientras transcurre la emergencia. Allí están algunos de sus ministros, particularmente, especialistas médicos del área de Salud que conduce la ministra Ana María Nadal. Lo importante y trascendente es que allí, una vez que se inaugure su funcionamiento, comiencen a discutirse las políticas económicas que deberán implementarse. Los empresarios, por caso, se preparan para llegar con un diagnóstico muy duro de la situación en toda la provincia.

Tanto es así que el viernes, desde la UIM, la FEM, la AEM, el CEM y la ACDE, todas cámaras industriales y comerciales, le hicieron llegar a Suarez un documento por el cual le proponen que, entre otras medidas, se implemente un salario de emergencia mínimo y máximo para todos los trabajadores de Mendoza, fuesen públicos o privados, para hacerle frente a la catastrófica situación, que ha combinado la nula producción por parte de las empresas con la escasísima adquisición de esos productos por parte de los consumidores; consumidores concretos y potenciales que tampoco tienen recursos para adquirirlos.

Si bien Suarez no dejó trascender muchos detalles de cómo funcionará el consejo económico, social y político amplio que anunciará y al que convocará el viernes, se sabe que le permitirá al Ejecutivo escuchar otras voces y otras ideas sobre cómo enfrentar una crisis de características similares ya a la caída económica del 2001 y el 2002. El ámbito pluripartidario, empresario, sindical y religioso puede que se transforme en lo más relevante del discurso, el primero de Suarez ante la Asamblea Legislativa y el de un gobierno que llegó con un plan pero que sólo le duró dos meses.