Ni en sus peores sueños Rodolfo Suarez hubiera imaginado que su primer año de gestión sería tan convulsionado. Primero, por el 0tenso debate minero. Luego, por la emergencia extraordinaria que impone la pandemia de coronavirus. De ahí, la austeridad de su primera Asamblea Legislativa, tanto en la puesta en escena como en el contenido de su discurso.
Suarez es un mandatario condicionado por la coyuntura. Su primera iniciativa fuerte, la reforma minera, terminó en un paso en falso. Luego, la pandemia lo ubicó a la fuerza en otro escenario impensado. El coronavirus lo obligó a reaccionar rápido, adelantándose incluso a medidas que luego adoptaron la Nación y otras provincias. Así, pese a algunas deficiencias en los controles, Mendoza fue pionera a nivel país.
El discurso giró entonces en proporcionar certezas sobre la contención del problema sanitario, que ha generado reacciones de paranoia en diversas comunidades de Mendoza a partir de los casos positivos.
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El gobernador sabe que el después de la pandemia también lo condicionará porque la recuperación económica será lenta, por lo que volvió a plantear la necesidad de generar riqueza en una provincia cuyos principales recursos, como el petróleo, experimentan a su vez su propia crisis. En los próximos meses, Suarez dependerá en gran medida de la ayuda de la Casa Rosada. Tiene en ciernes una recesión peor que la que enfrentó Roberto Iglesias en 2001-2002.
El mandatario radical se jugó por una reforma de la Constitución. Habrá que ver qué pulso tiene este debate en medio de la emergencia sanitaria, porque la discusión hoy por hoy pasa por otro lado, y es muy concreta: hasta cuánto aguanta la espalda del pequeño empresario, la del intendente, la del vecino. Por eso, Suarez optó por el argumento financiero de la propuesta: en una sociedad que pide un gesto a la clase política de bajarse los sueldos, señaló que la unicameralidad de la Legislatura tiene que ver más con el gasto político de un poder del Estado siempre cuestionado, más que con la representación de aquellos departamentos que suelen tener poca presencia en la Casa de las Leyes.
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Y no evitó ubicarse en el centro de la pelea actual: el debate sobre las prisiones domiciliarias a los presos por el riesgo de coronavirus. Al igual que Alberto Fernández, no es un tema en el que deba intervenir, porque es estrictamente judicial. Pero se ha politizado y por eso no quiso correrse del centro del ring: “No hay excusas para los ‘sacapresos’. En Mendoza las condenas se cumplen”, afirmó tajante.
