El comercio mendocino reabrió sus puertas este miércoles luego de permanecer cerradas durante más de 50 días por el aislamiento obligatorio. La excepción de la actividad, dispuesta por el Gobierno nacional, permitió que cientos de empleados regresaran a sus puestos de trabajo. “Deudas y angustia”, ese fue el saldo que les dejó la cuarentena a varios de los trabajadores.
Leandro y Mariana son dos de los cientos de empleados que volvieron a trabajar. A las 9 se presentaron en sus puestos y así arrancaron la mañana. Él se desempeña en una tienda de calzados y ella en una de marroquinería. Ambos están felices de volver y sus expectativas son altas.
Volver a empezar
Leandro tiene 29 años está casado y tiene dos hijos, una nena de 3 años y un nene de 9. Es sostén de familia y necesitaba regresar a su trabajo, una tradicional tienda de calzados ubicada en pleno centro de la Ciudad de Mendoza.
“El receso no fue sencillo. Si bien la empresa apeló a la venta online no fue lo mismo. La gente, en el caso específico del calzado, necesita la venta presencial y, gracias a Dios, este miércoles se exceptuó la actividad”, contó.
El hombre ni bien llegó comenzó a limpiar las vidrieras del local y se sintió uno de los privilegiados del grupo de trabajo ya que de 13 empleados sólo 4 regresaron en forma presencial, el resto lo hará bajo la modalidad online.
“Esto ayuda a despejar la mente y a volver a la vida que uno tenía antes. Con los cuidados pertinentes creo que funcionará bien”, dijo.

Sobre el apoyo familiar recibido para que regrese a su puesto, el joven confesó que no fue fácil que su hijo mayor lo entendiera: “Es tanto lo que se escucha sobre la pandemia que el martes por la noche lloró por miedo a que me pase algo, pero con su madre le explicamos los recaudos que tomaré y se calmó. Es muy difícil explicarle a los chicos la situación que hoy se vive en el mundo entero”, dijo.
Sobre lo que le dejó el aislamiento obligatorio el hombre dijo que vivió momentos de angustia, por momentos, y también quedó con muchas deudas: “Hace diez años que alquilo y la renta no espera ni te aguanta, lo mismo que los impuestos. La vida continuó y hoy comienzo a trabajar para saldar esas deudas”.
En cuanto a las expectativas para el retorno, el empleado manifestó sentirse muy confiado. “Se observa mucha gente en la calle y eso, para nosotros, es bueno. Ojalá que las ventas se reactiven y que la gente respete nuestro trabajo a través del uso correcto de las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno”.
Mariana y la necesidad de libertad
El caso de Mariana es diferente al de su colega ya que ella está soltera, sin embargo, las deudas también están presentes dentro del balance de la cuarentena.
“No fue fácil este aislamiento porque las deudas crecieron. Uno paga alquiler y tiene que comer y para eso se necesita dinero. Mi sueldo aún no lo cobré y tuve que apelar a la tarjeta de crédito para vivir”, expresó la joven de 34 años que trabaja en una tienda que vende mochilas, bolsos y valijas.

Más allá de lo económico, la empelada confesó que lo que más le costó durante este periodo fue el encierro. “Me angustió muchísimo, no fue fácil estar encerrada. El contacto con la gente es otra cosa. Trabajar te permite vivir la vida de un modo diferente”, consignó.
La joven está muy a favor del horario corrido impuesto en el centro que, por ahora, irá de 10 a 18, ya que eso le generaría no tener que transportarse mediante el servicio público.
“Hoy vine en mi auto, pero la idea, de a poco, es regresar a mi vida normal y eso incluye viajar en micro que, por ahora, me da un poco de miedo”.
