Alberto Fernández dio la orden por celular de suspender la extensión de la oferta a los bonitas. “Pará todo. No extendemos”, le dijo el presidente desde la quinta de Olivos al ministro de Economía, Martín Guzmán, y con esa decisión puso al país al borde del default.
Para que sea exitoso, se necesita un acuerdo que oscila entre el 66 y el 85% de adhesión de los bonistas -según las series de los títulos emitidos-, y el ministro hasta el sábado sólo tenía una cifra cercana al 40 por ciento.
Al ordenar que no haya prórroga de la iniciativa oficial, el acuerdo habrá fracasado. El presidente advirtió en público y privado que no se movería de su iniciativa a los acreedores privados, pese al lobby en español e inglés que aún asola su despacho de la quinta de Olivos.
Fernández sólo extenderá la oferta hasta el 28 de agosto si los bonistas adelantan que aceptarán la última propuesta oficial, según publica el portal Infobae.
Con este panorama se abren dos escenarios: los bonistas pueden hacer uso de sus derechos y presentar una demanda por default contra la Argentina, o aceptar un standstill, un acuerdo formal entre la Argentina y los acreedores privados que establece la postergación de las negociaciones por un tiempo prudencial y evita así la posibilidad de iniciar acciones por default en los tribunales de New York.
Si bien el mandatario considera una razón de Estado resolver la reestructuración de la deuda externa, se niega a pagar las cuentas aplicando un plan de ajuste recetado por el staff del Fondo Monetario Internacional (FMI).
