Bicho resistente, la cucaracha. ¡Al diablo! Lleva millones de años siendo cucaracha y, al parecer, no tiene ninguna intención de dejar de serlo. Mire que se han inventado productos para eliminarla: polvos, líquidos, grumos, güevaditas venenosas, ultrasonido, humos, se ha probado de todo en contra de ellas y ahí siguen las locas, haciéndote así con las antenitas, como si te cargaran, desde un hueco de la pared, la boca de una cañería, un enchufe o la rejilla del baño. Si hasta su canción sigue resistiendo y, si no, ¿cuántos años hace que se viene cantando La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque no tiene, porque le faltan, las dos patitas de atrás? Con cuatro patas se las arregla para seguir juntando guita por derechos de autor para los mexicanos. Se me hace que la impunidad en nuestro país es como la cucaracha. Se la trata de combatir pero sigue resistiendo. Se la ataca de diversas formas pero sigue asimilando los productos en su contra, se hace cada vez más resistente y sigue siendo impune, se inmuniza, o se impuniza si usted lo quiere. Y trabaja en las sombras, como las cucarachas; cuando el resto está desatento, como las cucarachas; en los rincones más desapercibidos, como las cucarachas. Si alguno pensó que la impunidad se iba a terminar con las puebladas y los cacerolazos y los escraches y los insultos, y los nuevos gobiernos y el fin de la crisis, es porque no conoce a las cucarachas. Ellas se esconden pero siguen tramando sus suciedades, siguen armando sus pasadizos secretos, siguen eligiendo su parte del botín. Tratan de pasar inadvertidas pero no desaparecen, al contrario, se fortalecen, se hacen más pulsudas, más osadas, más hábiles. Se los digo sin metáforas, hay abogados que siguen lucrando con la desgracia ajena, hay políticos que siguen operando millones aunque están quemados hasta el poto, hay empresarios que aprovechan el mal momento para llevar agua para su molino, hay corporaciones que continúan sacando provecho –aún de la desesperación ajena–, hay jueces que hacen la vista gorda cuando la justicia tiene la vista vendada. La impunidad no ha sido derrotada, mi amigo. No la hemos derrotado, hay gente que sigue teniendo carnet para currar, y se lo aceptan en las reparticiones públicas y privadas. La próxima vez que salgamos, digo, si es que llegamos a salir otra vez, salgamos con cacerolas pero también con una pantufla, que, hasta ahora, parece ser el arma más eficaz para matar cucarachas.