Para amortiguar el impacto de la inflación, los argentinos se ven obligados a cambiar sus hábitos de consumo. La compra de productos a granel se impone como estrategia de ahorro y su reventa, como una rápida salida laboral que requiere una inversión mínima de 2 mil pesos.

La comercialización de artículos fraccionados, sin envasar y sin marcas no es nueva, pero había quedado limitada a ramos puntuales: frutas, verduras, cereales y especias. De hecho, desde hace más de un siglo el Mercado Central ofrece una amplia gama de mercadería suelta y por kilo.

Ahora, el fenómeno se trasladó a otros rubros y tomó mayor impulso con los artículos de limpieza (jabón para lavar la ropa, lavandina y desinfectantes) que se ofertan por litro. Con la crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo, los consumidores afirman que el ahorro a fin de mes es significativo. Cifran una diferencia con respecto a los mismos productos empaquetados entre 30% y 50%.

“Sale más barato porque uno compra la cantidad que necesita o lo que da el bolsillo… Se gasta menos y la calidad es mejor. Por ejemplo, el jabón líquido concentrado de una reconocida marca cuesta $400 los 3 litros y suelto, menos de la mitad”, señaló Marta Rodriguez, clienta de una casa de artículos de limpieza de Maipú.

Salida laboral

Stella Fernández es ama de casa y desde hace un año comenzó su propio emprendimiento vendiendo artículos de limpieza que compra en una fábrica de químicos de Guaymallén. Los pedidos los toma sin moverse de hogar,  a través de su teléfono.

“Voy a la fábrica, cargo los bidones y luego hago el fraccionamiento de acuerdo a los encargos”, contó Stella y detalló que el margen de ganancia es muy bueno.

Desde uno de los locales de venta al público de la fábrica de químicos La Magia del Sol, indicaron que se ve con mayor frecuencia a particulares comprando para revender.

“Es muy baja la barrera de entrada. Es una salida laboral rápida porque con una inversión de 2 mil pesos  podés iniciarte en el negocio. Hoy con ese monto en otro rubro no podés hacer nada”, comentó Marcelo, uno de los empleados.

Aunque muchos venden estos artículos desde su casa, especificando la fábrica de químicos de donde provienen, otra situación se genera con el comercio de jabones y otros artículos de primera marca falsificados y que pueden encontrarse en puestos a la vera de la ruta.

En septiembre la Anmat suspendió la comercialización de jabones y detergentes que utilizaban nombre y envases similares a los más vendidos del mercado.

Ahorro en packagig

En los comercios de venta a granel a expendedores con canillas para hacer la recarga que requiere que el cliente lleve su propio  envase retornable. De esta forma la compra es más inteligente y menos impulsiva porque no se cae en las trampas del packaging y el marketing.

La falta de etiqueta provoca una cierta desconfianza al principio, señaló Ramón García, encargado de uno de estos negocios. “Sucede hasta que comprueban que la calidad que ofrecemos es mejor que cualquiera que encuentran en la góndola de los supermercados”, dijo.

Otro escenario se da con la recarga de botella de aceite de oliva o el bidón de cerveza artesanal, donde el cliente va a la fábrica en busca de un producto que ya conoce y que le cuesta un 30% por el simple hecho de no llevar etiqueta y un envase determinado. 

Gabriel Guardia de olivícola Laur comentó que ofrecen el servicio en su sede “siguiendo una tradición que no han querido cortar”, pero que a fines prácticos los complica ya que la empresa maneja niveles  altos de producción. 

Menos envases plásticos

Al favorecer la reducción de envases y embalajes, este tipo de comercialización es adoptada por muchas personas con un fin ecológico. Se trata de consumidores preocupados por la sostenibilidad y el desperdicio alimentario.

Pablo González encargado de una dietética de Ciudad explicó que “la elección de la cantidad de lo que quiere comprar permite que el cliente sólo lleve lo que necesita. Es despertar la conciencia social a través de la comida, reduciendo la cantidad de alimento que se tira porque se pone en mal estado”.

Y afirmó: “Cuando uno toma conciencia de que una bolsa de plástico tarda 150 años en degradarse y las botellas unos 400 años, comprar llevando su bolsa y su envase cobra otro significado”.