El principal objetivo de la comunidad científica global estos días es el hallazgo de una vacuna contra el COVID-19 que logre lo mismo que con la viruela, que la erradicó, o al menos como la poliomielitis, que sólo quedan casos en tres países.

Con tal de terminar con la doble crisis sanitaria y económica que atraviesa la humanidad, muchos incluso aceptarían una tan imperfecta como la de la gripe, que se repite cada año por el cambio de cepas del virus.

Sin embargo, hay un grupo de personas que no están dispuestas a recibirla ni dársela a sus hijos en caso de que la hallen: los antivacunas. El peligro es que, si esta actitud se sostiene, puede poner en riesgo al resto de la población, indicaron expertos al New York Times.

Referentes de este movimiento, como Larry Cook, un antivacunas con 50.000 suscriptores que en su canal de YouTube afirmó que “el propósito del coronavirus es ayudar a establecer la obligatoriedad de las vacunas” y llamó a “prepararse y resistir”.

Los planteos principales son en base a “la libertad”, por las medidas como cuarentena y barbijo obligatorio, “el control a través del coronavirus” e incluso la supuesta relación del brote con el 5G, lo cual ya causó destrucción de algunas torres de telefonía.

Una encuesta inquietante

Kristin Lunz Trujillo, de la Universidad de Minnesota, y Matt Motta, de la Universidad Estatal de Oklahoma, son politólogos que estudian la resistencia a las vacunas y se dispusieron a investigar cómo es la actitud de la ciudadanía en el caso del COVID-19.

Partieron de estimaciones que oscilan que será necesario entre un 50% y un 70% de población inmune —por vacuna o porque se enfermó y se curó— para detener la pandemia. Recordaron que en el caso de la vacuna contra la gripe, sólo el 37% de los estadounidenses se la dio para el invierno 2017-2018, una temporada históricamente grave.

“Encontramos que la quinta parte de los ciudadanos, y más de la mitad de las personas que tienen escepticismo ante la seguridad de las vacunas, puede no querer vacunarse”, escribieron en The Conversation. Es decir que el 20% de la población en general es susceptible al discurso y otro 10% está convencido de su posición antivacunas.

“Ellos podrían potencialmente poner en peligro el proceso de recuperación”, analizaron. “Aunque la mayoría de los estadounidenses planean vacunarse, los índices de incumplimiento pueden ser lo suficientemente altos como para representar una amenaza a la inmunidad colectiva”.

El 15 de abril, en pleno pico de casos en los Estados Unidos, Lunz y Motta encuestaron un grupo demográficamente representativo de la población total de 493 adultos. A la pregunta “¿Querría ser vacunado contra el COVID-19 una vez que la vacuna esté disponible?”, el 23% dijo que no.

“Además, y de acuerdo con la perspectiva que señala que ni siquiera una pandemia global puede persuadir a los antivacunas, hallamos que el 62% de quienes se manifiestan escépticos dijeron que no se darían la vacuna contra el COVID-19”, agregaron.