Entre marzo y abril del 2009, una extraña forma de gripe sorprendía a las autoridades sanitarias de tres países. Tanto en Estados Unidos y México como en China, algunas personas, particularmente chicos y jóvenes, enfermaron presentando un cuadro de afecciones respiratorias extraño, con un nivel de gravedad muy alto, diferente de las patologías que se conocían hasta el momento. El 11 de abril en México fallecía una nena que había enfermado el 19 de marzo. Sería la primera muerte en todo el mundo de lo que se creyó que se trataba de una afección vinculada con la llamada gripe porcina. Los estudios, en realidad, darían cuenta de lo que todo el planeta conocería como la gripe A (H1N1), formada por un ADN conformado por una cepa aviaria, dos porcinas y una humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la declararía pandemia cuando la gripe se extendió por todo el planeta, y mantuvo esa denominación por casi un año: el 11 de junio del 2009, la OMS elevaba la categoría a nivel de alerta 6, lo que se entiende como “una pandemia en curso” por la extensión geográfica que alcanzaba. Ese estado de alerta y de emergencia terminaría recién en agosto del 2010, cuando la misma OMS anunciaría el fin de la pandemia. Unas 600.000 personas fueron alcanzadas, en todo el planeta, con ese tipo de gripe que presentaba un nivel de contagio rápido y muy alto. Se estima que unas 18.300 personas murieron por la enfermedad.

Aquella pandemia, como era de suponer, llegó a Argentina. En nuestro país enfermaron 12.500 personas y murieron 700, de acuerdo con lo que se informó oficialmente, aunque se cree que el número pudo haber sido superior. Mendoza registró 158 casos y 10 personas fallecidas. El mayor número de enfermos se produjo en la Ciudad de Buenos Aires, aunque la mayor cantidad de muertes fue la provincia de Buenos Aires. Córdoba, Santa Fe y Jujuy fueron las otras provincias más afectadas.

La actual pandemia del nuevo coronavirus ha cumplido 67 días desde que se anunciara el primer afectado en China. En todo el mundo se contabilizan alrededor de 140.000 afectados, de los cuales la inmensa mayoría se ubica en China (alrededor de 80.000 casos), se ha extendido en 120 país y los muertos suman 4.700. Pero ya se han recuperado 65.000 personas. El primer caso en Argentina se registró 10 días atrás, pero la peor jornada resultó ser la de ayer, cuando se informó de 10 casos en un solo día y los primeros autóctonos, es decir, que se contagiaron la enfermedad dentro del país y no por haber viajado al exterior, en particular a los sitios donde el coronavirus ya se había asentado con fuerza. El total de casos en Argentina es de 31, con una muerte.

Los datos entre una pandemia y otra, entre aquella del 2009 y la que está en curso, pueden servir para dimensionar el fenómeno y para intentar, si se quiere, describirlo en su justa medida para evitar una visión apocalíptica que es la que, se está observando, ha logrado dominar buena parte de la psiquis de los ciudadanos del mundo. Basta con ver las imágenes de aquellos lugares más afectados y, por supuesto, el espacio que la pandemia ocupa en los medios de comunicación convencionales del mundo entero. Además de un polémico tratamiento informativo, por los modos y las formas, claro está, que se le está dando al tema en los medios convencionales.

Es que, como se sabe, la sobreactuación de los hechos informativos, de los casos de afectados y de las muertes es tan nocivo como el asumir una conducta –como medio, claro está– distante, indiferente y hasta negadora de la misma realidad. El desafío, hoy más que nunca, está en hallar un punto justo entre los hechos de la realidad y la manera y las formas que se asumen cuando se comunican.

Y el desafío que les cae a los medios es fundamental en este momento porque, quizás a diferencia de lo que ocurrió en el 2009, actualmente se evidencian niveles de psicosis colectiva casi al extremo. Es probable que una de las explicaciones esté en que, once años atrás, las redes sociales no tenían –porque muchas de ellas no existían– la trascendencia y el grado de penetración e impacto que tienen hoy.

Hasta la aparición del nuevo COVID-19 en China, la medicina global sólo conocía seis tipos de coronavirus que habían logrado ser aislados. De los seis, dos habían logrado alcanzar la categoría de graves: el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS 2002), surgido también en China y el MERS-Cov, de Oriente Medio. El nuevo, este COVID-19, cuenta con 80 por ciento del virus SARS del 2002 y 20 por ciento de una composición genética diferente que es la que le ha dado la característica distintiva, inédita y con consecuencias graves para los casos severos y particulares.