La posibilidad de determinar el nexo epidemiológico en los casos de coronavirus es una herramienta para que las autoridades sanitarias puedan realizar un seguimiento de los contactos estrechos y evitar el avance de la pandemia. Cómo la “paciente 31” afectó a Corea del Sur y su similitud con el “caso 98” de Mendoza.

La búsqueda del nexo epidemiológico es una de las claves que permite a los miembros de las carteras sanitarias determinar cómo se contagió una persona y establecer si se trató de un caso importado o un contacto estrecho con un positivo.

A su vez, funciona como una guía para que las autoridades determinen las medidas a tomar en pos de intentar prevenir el avance de la pandemia.

El no poder establecer cómo se originó el contagio da indicios, por ejemplo, de la existencia de la transmisión comunitaria.

Tanto en el “caso 98” como en la “paciente 31”, fueron las investigaciones de las autoridades sanitarias las que permitieron identificar el origen de los contagios. A su vez, las actitudes de ambas personas actuaron como desencadenantes para posibilitar la expansión del virus.

El caso 31

Corea del Sur registró su primer caso de coronavirus a fines de enero. Se trató de una mujer, de 35 años, que arribó al país proveniente de la provincia china de Wuhan y que fue aislada, según registraron en ese entonces medios locales.

A partir de ese momento, durante el primer mes, Corea del Sur sólo confirmó 30 casos. Sin embargo, los casos comenzaron a multiplicarse tras la “paciente 31”, una mujer de 61 años, y sus actitudes podrían haber ocasionado el contagio de más de mil personas en Daegu y en Seúl.

Esto se debe a que los días previos a su diagnóstico y cuando ya presentaba síntomas compatibles con el virus (fiebre alta) fue en dos oportunidades a las ceremonias de iglesia cristiana Shincheonji (Nuevo Cielo y Tierra), donde se estima que asistieron más de mil personas en cada oportunidad.

Entre otras actividades, concurrió a una boda, comió en el buffet de un hotel con un amigo, asistió a un funeral y –tras protagonizar un accidente de tráfico- fue a varios hospitales en la misma ciudad.

Según publicaron medios internacionales, en el primer centro asistencial le sugirieron que se sometiera al testeo, pero ella se negó. Recién la diagnosticaron 10 días después.

Así se convirtió en la “paciente 31” y, a partir de ella, en pocos días Corea del Sur pasó de tener 30 a 977 casos positivos. Muchos de ellos vinculados a la iglesia cristiana Shincheonji.

El caso 98

Cuatro meses después y del otro lado del mundo, en Mendoza las autoridades sanitarias detectaron el “caso 98”, un hombre de 37 años que trabaja en una bodega de Maipú.

La cadena de contagios en este caso se comenzó a identificar una vez que las autoridades del Ministerio de Salud confirmaron este positivo e intentaron rastrear a sus contactos cercanos.

Así descubrieron que el hombre había roto la cuarentena tras participar de un festejo con más de 20 personas cuando aún estaba prohibido. Esto le valió una denuncia penal por parte del Gobierno.

Si bien mucho no se sabe de este encuentro, el gobernador Rodolfo Suarez resaltó que “dos de los contagiados reconocieron que compartieron bebidas del pico de la botella”. 

La investigación epidemiológica, a partir de las andanzas del mendocino, permitieron detectar a otros 10 contagiados. Se trata de 9 hombres y una mujer, entre ellos amigos y compañeros de trabajo.

A su vez, las autoridades sanitarias aislaron a alrededor de 150 personas, al ser consideradas contactos estrechos del operario o de aquellos vinculados con él y que dieron positivo.

Así las cosas, en un intento por contener el brote, se realizaron operativos sanitarios en los distritos de Luzuriaga y Coquimbito, que incluyeron testeos masivos, entrega de kits preventivos y desinfecciones.