No siempre lo que pensamos es evidente a nuestra consciencia, a nuestra mente diaria. A veces, lo que pensamos se manifiesta en sueños o en discusiones en las que, sin control, salen las palabras, que expresan sentimientos o pensamientos que desconocíamos tener. Esos niveles más profundos de pensamientos, de estructuras mentales, no se gestan de un día para otro, al contrario, se construyen durante años de manera silenciosa y, aunque no las reconozcamos, no significa que no estén ahí ni sean parte de nosotros.

Nos guste reconocerlo o no somos seres cambiantes, en constante transformación, y esto afecta a todas las áreas de nuestra vida. Nos dejan de gustar canciones, comidas y, a veces, dejamos de disfrutar trabajos, amigos y parejas. Es así el cambio; es inevitable y, gran parte de las veces, irreversible, aunque sea incorrecto socialmente, porque hemos creado sistemas en los cuales la perpetuidad es un valor por sobre la sinceridad. Cuando caemos en la consciencia del cambio y nos damos cuenta de que nuestra vida se está transformando a velocidades supersónicas y con una fuerza imparable, creemos que estamos en el caos y en la destrucción, porque nos cuesta visualizar un futuro probable si nada de lo que ocurre podemos controlar. Vivimos bajo el mito: control implica seguridad.

Tal vez, una de las claves para vivir la tormenta en altamar es encontrar el ojo de ese tornado y, desde la astrología, tenemos guías de cómo hacerlo. En términos astrológicos, el pensamiento como acción está representado por el planeta Mercurio, y la mentalidad, por el Sol. Cuando hablamos de mentalidad nos referimos al conjunto de creencias y costumbres que conforman el modo de pensar, de enjuiciar la realidad y de actuar de un individuo o de una colectividad. Por lo tanto, cuando se reúne la acción de pensar con nuestra mentalidad, tenemos la posibilidad de observar lo que nos limita y podemos dejarlo de lado porque no es útil en el contexto en el que hoy estamos. Astrológicamente, eso es la conjunción de Mercurio y el Sol, evento que veremos en el cielo esta semana.

Retomar el norte es sentarse a ordenar el placard de las creencias que guardamos en el corazón, y, exactamente al estilo Marie Kondo, tomar cada idea, creencia y ver si nos generan felicidad. Si no lo hace, debemos abrazarlas, agradecerles por el tiempo que nos ha acompañado y ponerlas en la pila de cosas para dejar ir.

Retomar el norte es hacer la pausa y tomar acción para vivir más liviano, no de forma material o de obligaciones, sino más bien de juicios antiguos, recuerdos dolorosos y mecanismos de defensa. El primer paso para avanzar es hacer la pausa para dejar lo que ya no sirve y soñar nuevamente con el nuevo camino. No implica dejar atrás relaciones o trabajos o amistades, sino crear nuevas formas de conectarse con las mismas personas o las futuras que llegarán, implica recordar que la única forma de cambiar una situación negativa que se repite es modificar lo que desde mi parte la genera.