Tenemos que prepararnos para el 28. Es un día trascendental para el país y son muchas cosas las que se ponen en juego. Lo fundamental para ese día es decidirse.
Ya hemos hablado del tema pero no se haga mucho problema que entre todos los candidatos y entre sus propuestas no realizadas la diferencia no es mucha. De todos modos sería conveniente una consulta con su psicólogo unos días antes de los comicios. No espere que su psicólogo lo oriente en su voto, no se trata de eso, se trata de que desde antes de votar haga algo para sacarle a usted el complejo de culpa que seguramente habrá de contraer, y también que le aporte algunos mecanismos para combatir los miedos.
Porque hay mucha gente que tiene miedo de ir a votar. Como el voto es intransferible no le puede decir a su señora: “Negra, andá a votar por mí”, porque no la van a dejar. Pero puede acompañarlo su señora o su mamá o ambas a la vez colgadas de cada uno de sus brazos y antes de entrar a la escuela, recibir de ellas palabras de aliento: “Vamos, hijo, que ya va a pasar”. “Dale negro, que vos podés”. “Vaya, hijo, que yo lo espero en la puerta”.
“Tome, llévese el pañuelo por las dudas le dé un ataque de llanto”. Mientras hace la cola, porque seguramente usted va a elegir un horario para ir a votar en el que hay cola, trate de no temblar porque puede notarse, no se olvide de que los que están en la cola están tan asustados como usted. Que no panda el cúnico.
Cuando le toque el momento y su presidente de mesa le pida la libreta, no vale arrodillarse y agarrarlo de las piernas al grito de “yo no quiero, yo no quiero”. Una vez adentro del cuarto oscuro no le dé bolilla al retrato tutelar de Sarmiento, que seguramente habrá en el aula, que Sarmiento en los retratos siempre aparece enculado, no es algo personal con usted.
En este momento no le servirá de nada gritar: “¡Ayúdenme por favor!” “¡Auxilio!” ¡ S.O.S!” “¡Mayday, mayday!”, o “¡Sáquenme de aquí!”, porque nadie le va a dar bolilla. Cumpla con su obligación que un voto es un deber, o sea, en él está encerrado todo lo que el Gobierno nos va a deber por los próximos dos años.
Después, no pida ayuda al salir del aula, aléjese caminando con firmeza y cuando vuelva al lugar donde su esposa y su madre lo esperan, no les pida perdón, que ninguna de las dos son la Patria. En todo caso, pidan perdón los tres.
