Buenos días, a pesar de todo. No sé qué viento trashumante trajo la palabra “chirlo” hasta nosotros. Tal vez, un viento alemán, tal vez uno gallego, pero la palabra quedó para siempre en nuestra casa y empezó a vivir en la piecita del lunfardo. En lunfa, “chirlo” quiere decir bofetada o golpe dado con la mano abierta. El chirlo era un elemento tradicional en la educación argentina de siempre. El mendocino, tantas veces olvidado por los mendocinos, Florencio Escardó, pediatra de aquellos, estuvo a punto de escribir el libro El chirlo al servicio de la seguridad nacional. Los padres, cualquier padre, digo, por más que vivieran en un país democrático, ejercieron siempre la dictadura en el seno del hogar. Los culillos eran los encargados de las travesuras y algunas de ellas eran travesuras de dimensiones astronómicas, como cuando Jaimito dejó embarazada a la maestra. Por lo tanto, el castigo se imponía. Los castigos tradicionales eran patada en la nalga del culillo de puntín o de chanfle según la habilidad del pateador, coscacho en la cabeza, coscacho profundo si el querubín tenía mucho pelo, y la utilización de algunos objetos de tortura como ser el cinto y la alpargata. Pero, el chirlo era lo más tradicional. Pobre del argentino padre que no haya dado ningún chirlo en su vida y pobre el argentino hijo que no lo haya recibido. Era el chirlo un elemento correccional indispensable, mucho más efectivo que mandar a la cama sin comer al imputado no procesado. Había padres altamente especializados en chirlos. El mío había adquirido la asombrosa habilidad de pegar chirlos nalgueros y sonoros, ¡Chack! Y debo reconocer ahora, cosa que no hice en su vida, la efectividad del golpe. Era como Messi en los tiro libres, infalible. Pues bien, el nuevo Código Civil en su artículo 647 le pega una bofetada al chirlo, dice: “Prohibición de malos tratos. Se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas a los menores”. Y ,ojo, que si lo ordena el Código Civil y no se cumple, puede ser punible. El padre que le dé un chirlo a su hijo será penado a realizar durante dos años trabajos manuales. Y puede darse el caso de que se presente ante un juez un culillo con abogado propio que diga: “El progenitor de mi cliente le encajó un chirlo”. Y el abogado del padre conteste: “Así es, pero voy a demostrar que mi defendido actuó en defensa propia”. Resulta que parece haber una orden de la DGE para que los pibes no repitan el grado en las escuelas, y, ahora, el Código Civil que proscribe una de las prácticas más usada por los miembros de la paternidad: el chirlo. Loco, yo quiero volver a ser pibe, pero ser pibe ahora, porque en cualquier momento, impulsados por la actitud guerrillera de Mafalda, van a prohibir la sopa.
Chirlo
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