Los dueños de los negocios ubicados en calle 9 de Julio del microcentro, desde Peatonal a Espejo, se vieron conmocionados esta semana por el cartel que acompañaba a las persianas bajas de un minimarket que se encontraba ahí desde el año pasado: “No aguantamos más robos, cerramos”.

Si bien en los últimos meses fueron quedando atrás locales de todo tipo, desde gastronómicos hasta de juegos para niños, en este caso se sumó la conmoción de los dueños de este drugstore, quienes no pudieron sostener más el local tras el robo sufrido en la madrugada del martes. La encargada del minimarket, Sabina Shocrón, explicó que los inconvenientes terminaron sobrepasado a los ingresos.

“Fue desesperanzador, ya no tenemos para volver a arrancar. Mi hija vino a abrir a las 8 y nos habían robado todo otra vez. Yo dejé la vida ahí adentro para que funcionara”, mencionó Shocrón.

Desde cero

En agosto de 2019, Gastón Morcos y Octavio Insa decidieron abrir un local de Manso Pancho en una zona de amplia circulación. Eligieron un espacio en venta a metros de la Peatonal y frente a un banco, atraídos por la seguridad y la clientela que podía generarse en ese lugar sobre calle 9 de Julio.

Shocrón, esposa de Morcos, quedó a cargo de manejar el nuevo local. Las primeras remodelaciones fueron para adaptar el lugar a una cocina: hubo que tirar paredes, arreglar baños y cambiar el piso. Después de eso, se colocó un minimarket en la entrada.

“Nos costó muchísimo, yo trabajaba todo el día, desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la madrugada, cuando cerrábamos. Fueron horas donde me perdí hasta cumpleaños de mis hijos. Dejé la vida ahí adentro esperando que repuntara”, relató la encargada.

Por un fallo en las cámaras de seguridad, se las retiraron, por lo que mantenían la idea de volver a colocarlas. Pero pasados los seis meses desde que abrieron, cuando esperaban ver resultados en las ventas, comenzó la cuarentena y la clientela se resintió.

“No cerramos, pero limitamos la cantidad de productos. Lo principal era el minimarket. Habíamos luchado muchísimo para tener la habilitación y le seguimos dando mucho esfuerzo entre la familia”, agregó Shocrón.

La primera sorpresa llegó con una persiana rota. La plata destinada a las cámaras tuvo que invertirse en la reparación. “Confiábamos en que había seguridad en todos lados, en las esquinas hay cámaras, igual que en el banco de enfrente. Nunca imaginamos que esto iba a seguir con impunidad”, recordó la mujer.

Semanas más tarde se produjo el primer robo. La policía les avisó a las 3 de la mañana que delincuentes habían ingresado al local y se robaron mercadería. Los dueños tuvieron que endeudarse para recuperar los productos y seguir atendiendo. Pero cuando la escena se repitió esta semana, las cuentas ya no cerraban.

“Esta vez nos robaron a tal punto que no podemos volver a arrancar. Se mezcla la sensación de inseguridad con la de angustia. Elegimos el lugar incluso pensando en que íbamos a cerrar tarde, no podíamos imaginarnos que sería así”, remarcó Shocrón.

Mientras la policía científica trabajaba en el lugar, la encargada decidió hacer conocer el motivo por el que tendrían que cerrar e imprimió el cartel que ahora se puede ver en la persiana del negocio.

“Recibimos un montón de mensajes de kiosqueros solidarizándose, eso fue destacable. Somos muy trabajadores y realmente eso es lo que queremos, poder salir de las deudas y seguir adelante”, finalizó Shocrón.