Buenos días, a pesar de todo. Les voy a contar una historia poco conocida sobre nuestra bandera. Se llamaba Hipólito Bouchard. Había nacido en Francia en 1780, era marino por piel, por horizonte y por descendencia. En 1809 recaló en Buenos Aires y se sumó a la causa de los patriotas. Integró el famoso Regimiento de Granaderos a Caballo y conquistó a pura lucha una bandera española en la batalla de San Lorenzo, lo que le valió el ascenso a sargento. Pero su pasión era el mar.

    Después de participar en varias acciones de la Armada Nacional se decidió a ser corsario. Un corsario no es lo mismo que un pirata. Un pirata combate, lucha, invade, por beneficio propio. Un corsario hace lo mismo, pero amparado por una bandera, en ese entonces, la argentina. Para un pirata, enemigos son todos, hasta otros piratas; para un corsario, sus enemigos son los enemigos de la nación que representa.

    El 9 de julio, Bouchard se larga a los mares del mundo a perseguir y atrapar embarcaciones españolas. Recala en Madagascar y libera a los negros que estaban prestos a ser transportados en barcos a América. Cruza el océano Índico y enfrenta varios intentos de abordajes de los piratas malayos con acciones de una envergadura épica dignas de Sandokán. Luego recala en Filipinas, colonia española y causa estragos entre el enemigo.

    En Hawai, entonces territorio libre, hace que su rey reconozca la formación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, siendo entonces esa isla, ahora estado norteamericano, la primera en aceptarnos como país libre. Pero Hipólito quería más. Ataca las costas de California y toma fortalezas y ciudades entonces españolas.

    Iza la Bandera argentina y, durante nueve días, California fue Argentina. Pero a Hipólito le quedaban otros destinos. Toma los puertos realistas de Sonsonate en el actual San Salvador y el de Realejo en la actual Nicaragua. Enarbola otra vez nuestra bandera, la cual es adoptada como símbolo de libertad por las Provincias Unidas de Centroamérica. Por eso, las banderas de Honduras, el Salvador y Nicaragua son tan parecidas a la argentina.

    Guatemala tiene muchas reminiscencias y Costa Rica la usó durante un tiempo largo. Nuestra bandera, ondeando por todo el mundo en un buque corsario que le dio tremendos dolores de cabeza a la corona española. Hipólito Bouchard fue un corso, un asaltante de los mares, pero su destino era nuestra independencia.

    Más allá de cañonazos, persecuciones, asaltos, botines y joyas, la Bandera argentina siempre fue su mayor preocupación. Hoy que la festejamos, es bueno que nos acordemos de él y de sus marineros y sepamos que nuestra libertad, hecha bandera, engendró la libertad de otros pueblos de América que aún siguen cubriéndose de celeste y blanco. Nuestra celeste y blanca, Bandera de banderas.