A principios de la semana pasada, efectivos de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico detuvieron a un grupo de personas acusadas de ser parte de una organización narcocriminal que actuó durante años en la provincia.
Lideraron una docena de allanamientos en tres departamentos del Gran Mendoza y capturaron a ocho sospechosos de integrar la gavilla.
Hubo otros arrestados pero por la tenencia ilegal de una pistola 9 milímetros, que fue parte del secuestro que completaron marihuana, cocaína, vehículos, elementos de corte y fraccionamiento y dinero producto de las ventas.
Poco se conocía acerca de la operación que desplegaron los efectivos de Narcocriminalidad entre el martes y miércoles por la mañana, pero El Sol accedió al detalle de los procedimientos que se hicieron para desarticular la organización.
Entre los más destacados de la banda, contaron fuentes de la investigación, se encuentra el oficial inspector de la Unidad Especial de Patrullaje (UEP) de Capital Leonardo José López, conocido como Chino.
Este policía con pasado en la Comisaría Primera y la Dirección de Inteligencia Criminal (DIC) fue allanado en su lugar de trabajo y le hallaron un par de dosis de cocaína entre sus pertenencias.
Además de las pruebas que tenían contra él, terminó por complicarlo una simple consulta: los detectives le preguntaron a López si era adicto a las drogas –algo que se sospecha cuando hay miembros de la fuerza acusados de ser parte de una banda narco– y la respuesta fue contundente: “No”.
Los pesquisas agregaron otros nombres a la lista de personajes importantes dentro de la estructura de la banda dedicada a la compra, distribución y comercialización al menudeo de cocaína y marihuana: señalaron que el nexo más importante era el que mantenían el policía López con un hombre llamado José Luis Llanos, conocido como Boliviano, quien fue capturado en una propiedad de calle Nahuel Huapi, de Guaymallén.
También explicaron que otro sujeto, apodado Chucky e identificado por las fuentes como Héctor Alejandro Berrios, era parte de la venta de la droga a través de quiosquitos.
“El Boliviano y el Chino eran los que más contacto mantenían”, describió una fuente de la investigación, que agregó que el oficial inspector era el que brindaba información a Llanos de los movimientos investigativos de la fuerza.
Destacaron que no sólo aportaba seguridad de este tipo, sino que el Chino López participaba en las ganancias y también hacía de intermediario en algunas de las transacciones de sustancias prohibidas. Tanto es así que allanaron un bar-pool que –aseguran– este policía tenía en Los Corralitos.
Si bien no se encontraba habilitado y tampoco secuestraron elementos importantes para la causa, se cree que en ese lugar se desarrollaban los encuentros entre los miembros y se planeaban estrategias para profundizar el negocio narco en el sector.
Lo cierto es que fueron varios los sectores allanados que permitieron la incautación de más de 2 kilos de marihuana, 100 dosis de cocaína (los conocidos ravioles), 37 mil pesos en efectivo que serían producto de la comercialización, balanzas, armas, semillas de cannabis y vehículos, como un VW Vento y un Gol, una moto tipo pistera y también un Toyota Corolla.
Por ejemplo, los policías de Lucha contra el Narcotráfico irrumpieron en domicilios de calle Elpidio González; en los barrios Santa María de Oro, San Vicente, Cooperativa El Carmen y Santa Teresita y en la UEP de Capital, cuando abordaron y esposaron al uniformado.
Ver también: Cómo nació la investigación para desbaratar la banda “narcopolicial”
La pesquisa contra esta banda nació el año pasado por trabajos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones, que detectó que había relación entre la banda “narcopolicial”, un presunto narco llamado César Montiveros –conocido como el Cafiso– y también Sergio el Chirola Pizarro, el empresario de la noche detenido a principios de agosto intentando ingresar a Mendoza casi 50 kilos de cocaína pura.
Pizarro y algunos de los integrantes de la gavilla “narcopolicial” mantenían contacto directo para la distribución de los estupefacientes, sentenciaron fuentes que participaron en las detenciones de todos los sospechosos.
Ver también: Operación Arco Blanco: cómo se pactó la entrega de la cocaína
Se cree que el Chirola, a través gente que trabajaba para él, proveía la mercadería para su posterior venta en pequeñas cantidades y esto permitió conocer que existía una red que operaba en diversos sectores del Gran Mendoza.
