Bancarlos, siempre ¿Por qué? Son muchos los motivos. Primero, porque de eso se trata el deporte, el ser “hincha de”. De alentar, de apoyar, de estar en las buenas y en las malas. Sea la selección o la escuelita de tu hijo. Ganar, perder, jugar bien o mal, son posibilidades.
El protagonista siempre quiere ser figura. Lo sueña. Se acuesta la noche anterior soñando en ser el mejor, soñando el gol que hizo Messi, soñando dar una vuelta olímpica, soñando que su equipo sea un sueño. Enfrente tenés un rival, que sueña lo mismo. Básico para entender que no siempre ganás vos.
¿Bancarlos? Sí. Porque con nada nos regalaron tres finales. Sí, con nada. Con capacidad individual, con ganas, con amor por la camiseta, con el mejor del mundo, pero con una estructura que se cae a pedazos. Sin dirigentes, sin proyectos, sin nada que haga pensar en un fútbol, entendido justamente como una estructura, que merezca llegar a finales. Y lo consiguieron. ¡Y tres veces consecutivas!
Bancarlos, siempre. Porque muchas veces sufren una condena social inexplicable, inentendible, injusta. Tenemos una sociedad que cree que un futbolista le debe más que un funcionario público. Una sociedad que es capaz de ponerse cara a cara con Higuaín y decirle todo lo que este debe hacer por ella. Pero que no es capaz de hacerlo con un político, que es quién realmente tiene esas responsabilidades.
Bancarlos, siempre. Porque de chicos soñamos ser como ellos. ¿Todos? Quizás no. Pero me animo a decir que a 9 de cada 10 chicos de nuestro país le hubiese gustado ser futbolista. Porque es el deporte más hermoso del mundo.
“Ganan millones”, dicen. ¡Y sí! Así está planteado el negocio, no es culpa de ellos. O creen que alguno de ustedes le diría al Manchester City: “No, discúlpame, es mucha plata, creo que debo cobrar menos”. Nadie.
Bancarlos, siempre. ¿Criticarlos? Sí, se puede. “No me gusta esto, me parece mejor lo otro, creo que aquello es mejor”, son posibilidades. Creer que si no ganan un partido son delincuentes o asesinos seriales que merecen ser escrachados y ajusticiados, es ilógico.
Bancarlos, siempre. Porque el fútbol es tan mágico que, si ellos están bien, nos hacen olvidar de las malas, nos hacen felices.
