Comenzó el año lectivo, un tanto demorado porque el año electivo comenzó hace tiempo. Es que en los años impares se vota y hay que preparar las promesas con suficiente tiempo, así se puede engañar con algo de experiencia. Volverán las oscuras elecciones a nuestras aulas de enseñanza secular y otra vez, con el sobre entre las manos, entraremos a votar.

    Volverán las oscuras elecciones con sus campañas las calles a colmar y otra vez volverán los candidatos buscando ballottage. Hablando de ballottage. La palabra ballottage tiene que ver con lo que nos pasa, porque el origen del término se remonta al francés “balles” ( bolilla), de cuando se usaban para elegir entre los postulantes. Tiene que ver, digo, porque los candidatos quieren que nosotros les demos bolilla para después ellos no darnos bolilla a nosotros.

    Pero siguiendo con el asunto, en Mendoza no se cumple la ley electoral, porque ella dice que un candidato gana si obtiene la mitad más uno de los votos o si le saca más de diez por ciento al candidato que sale segundo, sino tiene que haber otra elección. Y eso no se cumplió con la elección de la reina nacional de la Vendimia.

    En la elección del sábado, sobre la cual algunos siguen argumentando que fue empate, la soberana electa no cumplió con ninguno de los requisitos de la ley. Ganó por sólo un voto, un voto de diferencia es una diferencia minúscula, casi no es diferencia. Debió hacerse un ballottage. Pero, bueno, que el tema no traiga más cola, si se trata de la reina, que reine la conformidad.