Buenos días, a pesar de todo. Hay cada historia en el México precolombino, que da para varias películas, inclusive de las malas, como la que filmó Mel Giver. Antes de que Colón llegara a América, fundara su teatro en Buenos Aires y organizara su club de fútbol en Santa Fe, México estaba habitado por numerosas culturas. Estaban los mixtecas, los toltecas, los zapotecas, los aztecas, los olmecas, los karatecas, los discotecas, los hemerotecas y los cacas secas. Vivían en una zona muy templada, por lo menos tenían unos templos bárbaros, donde realizaban sus ceremonias, por ejemplo los sacrificios humanos, que eran muy apreciados por aquellos que participaban en la ceremonia, salvo el sacrificado, quien, habitualmente, se negaba a asistir. Pero en el sur de ese territorio, en lo que ahora llamamos Mesoamérica, vivían los mayas, con sus mujeres, las mayas, que se dividían en dos castas: las bikinis y las enterizas. Los mayas crearon una cultura notable que todavía se nota. Ahí están los monumentos de Chichén Itzá, de Palenque, de Tilkal, de Tulúm y otros muchos más diseminados en el actual territorio de México, Guatemala, Hondura y Belice. Estos señores, que rara vez se desmayaban, cultivaban el cacao, del cual sacaban el chocolate que era servido el 25 de Mayo como celebración de las fiestas mayas. Usaban protección de tela para sus cultivos, de ahí la malla antigranizo. Tuvieron el tupé de inventar una especie de escritura jeroglífica en la que, por ejemplo, para escribir perro se dibujaba árbol, cucha, hueso y dogui. Todo eso quería decir perro. Con este tipo de escritura, que es descifrada por aquellos que entienden de signos, que no es lo mismo que entender por señas, hicieron un código maya prediciendo los tiempos venideros para ellos y actuales para nosotros. Pues resulta que se descubrió que uno de esos códigos se termina el 21 de diciembre del 2012. Para ellos, el 21 de diciembre era muy importante porque ocurría el solsticio de invierno, cuando todas las cosas tienden a renacer, por ejemplo, la naturaleza, de la que los tipos eran muy fanáticos. Ellos decían: “Lo que natura non da te lo vende el verdulero”. Y como ese código termina el 21 de diciembre del 2012, muchos intérpretes de ahora de ese pasado remoto, aunque no conocieran la Kawasaki, dicen: “Se va a terminar el mundo”. La cantidad de programas de televisión, radio, páginas de diarios y revistas que se han llenado con este tema es increíble. Hasta la NASA tuvo que salir a desmentir el Apocalipsis, harta de los mensajes que le llegaban continuamente a su e-mail, y que obligaba a sus empleados a trabajar, a lo que no están acostumbrados, porque ellos habitualmente están al cohete. Digo yo, ¿no tenían otra cosa que hacer los mayas que venir a sembrarnos miedos y pavadas mil quinientos años después de su existencia? Muy lindas las pirámides y los templos y las esculturas y los altos y bajos relieves, pero se hubieran guardado sus profecías en algún remoto rincón de su anatomía. No nos hacen falta sus vaticinios para destruir el mundo, para que sepan, queridos, los países poderosos de la modernidad tienen arsenales nucleares para destruir el mundo varias veces seguidas. No nos hacen falta ustedes. Sepan que, en cuestión de destruir el mundo, nosotros somos autosuficientes, qué joder.
