Es esta una época dominada por el miedo. Las condiciones de la seguridad en nuestro país nos hacen dar miedo, no nos permiten ejercer puramente nuestras libertades. Uno teme salir, uno teme dejar la casa sola, uno teme volver tarde a su casa, uno teme guardar el auto. Temor y más temor. Para colmo, las epidemias que nos están sacudiendo en estos días llevan el temor hacia otro lado, el dengue, por ejemplo, hacia el lado de los mosquitos.
Escuchamos un ¡ZZZZZZZZzzzzzzz! en la pieza y entramos en pánico y queremos llamar a los bomberos y al Sistema de Emergencia Coordinado. Con la fiebre porcina, sucede igual. Mucha gente se está privando de comer carne de cerdo porque tiene miedo, aunque la gripe no se transmita de esa manera. Es el temor a eso desconocido. Los barbijos se venden cada vez más, aún en nuestra ciudad, que no alberga ni un solo caso. Miedo.
Y ahora el miedo parece llevarnos a la política, porque hace unos días el ex presidente y actual primer damo, Néstor Kirchner, dijo que si ellos perdían, Argentina iba a volver a la situación del 2001, y ratificando lo dicho antes de ayer, en un acto en San Nicolás, agravó el pronóstico: “Si Cristina no logra mayoría legislativa, esto explota”. Es una estrategia política, una amenaza, sembrar el miedo en la población de que si ellos pierden, vamos a entrar violentamente en una descomposición institucional como hemos conocido en tiempos pasados. La amenaza tiene como finalidad el miedo: “Si te portás mal, te voy a reventar a alpargatazos”, le dice la madre a su hijo, y lo que siembra el temor en el pibe son los alpargatazos.
No es la primera vez que se usa este tipo de predicciones alarmistas para ganar votos y puede que no sea la primera vez que no les dé resultado alguno. Votar con temor debe ser la peor forma de votar. Y, además, no es cierto, los gobiernos de todo el mundo suelen perder las elecciones legislativas, suelen tener las cámaras en contra y, sin embargo, siguen gobernando sin que ocurra pandemia alguna. Jugar con el miedo en la política es peligroso, porque la gente puede decirse a sí sisma: si es por el miedo, tengo más miedo a seguir estando como estoy hoy.
