En el Ministerio de Salud de Mendoza están desconcertados. Más allá de los vaivenes y de las decisiones que se toman a diario para encarar la pandemia de coronavirus en la provincia, creen que se les escapó un dato clave. Y temen haberlo encontrado demasiado tarde.
El caso de Gabriel Rizzo, una de las víctimas fatales de COVID 19 había despertado alerta porque no era posible confirmar el nexo epidemiológico. En principio, se barajó la posibilidad de su viaje de retorno de Mar del Plata, pero no daban los números entre la fecha en que llegó a la provincia y el día que manifestó los primeros síntomas. Por eso, una vez que supo cuál había sido la causa de la muerte, se armó un operativo para desinfectar el barrio en que vivía, temiendo que allí podría haberse dado el contagio.
La historia de Rizzo recobró importancia cuando aparecieron tests positivos de coronavirus en médicos que trabajan en la Clínica Francesa. Si bien está claro que los profesionales también cumplen horario en otros centros de salud, hubo un posible nexo para vincular todos los episodios.
Varios días antes de manifestar los primeros síntomas, Rizzo acudió a la Clínica Francesa para hacer los controles previos a una operación traumatológica que iba a recibirse. Fue atendido el 13 y el 17 de marzo, según el historial de la clínica y de los pedidos de análisis pre quirúrgicos que su hija encontró en su casa.
El 25 de marzo, Rizzo comenzó con un cuadro de diarrea. Nadie pensó en la posibilidad de coronavirus, a pesar de que según la Organización Mundial de la Salud, un mínimo porcentaje de infectados había mostrado ese tipo de síntomas, además de vómitos o pérdida de olfato.
El 30 de marzo, el paciente fue trasladado de urgencia a la Francesa. Se había desmayado y sufrido un traumatismo de cráneo; al parecer, por falta de oxígeno. Le practicaron una tomografía para ver si había daño cerebral por el golpe y una de pulmones para encontrar la causa del desmayo. Las imágenes de ese último estudio fueron el primer indicio que vinculó a Rizzo con el virus SARS-CoV-2. Automáticamente, fue derivado al Lagomaggiore con el protocolo de rigor.
Uno de los médicos que lo atendió en la guardia de la Francesa fue uno de los dos que fueron confirmados positivos para coronavirus este martes. Recién ahí, la historia comenzó a tomar color. Entonces todos los ojos se posaron en la clínica, que, como antecedente, ya había tenido a una infectóloga contagiada.
“Aunque no le guste al Ministerio de Salud, ya existe circulación comunitaria del coronavirus. Pensar que la clínica pudo convertirse en un cluster de contagio es desconocer la situación de todas las instituciones que se dedican a la salud”, señaló Augusto Bosshardt, uno de los propietarios de la clínica.
“Hemos cambiado el régimen de trabajo de todo el personal y mejorado incluso la desinfección y esterilización de todas las instalaciones. Hacemos todo lo que se indica para este tipo de situaciones”, aseguró. Y continuó: “Tenemos una médica que tuvo un cuadro de severo a grave, y se está recuperando. Y dos médicos que prácticamente han sido asintomáticos. ¿Dónde y cómo se contagiaron? No podemos saberlo”.
Bosshardt evitó entrar en la polémica sobre si Rizzo pudo contraer coronavirus en su sanatorio: “Insisto, hay transmisión comunitaria. Hay que trabajar desde esa premisa. Si no, se convierte en una caza de brujas. Porque también existe la posibilidad de que Rizzo haya contagiado al médico cuando lo vio en la guardia. Acá lo importante es hacer cada vez más hisopados”.
La investigación epidemiológica
Por el momento, son todas hipótesis sobre las que se trabajan para ver la posibilidad de frenar la cadena de contagio. Desde Salud aseguran que, además de los tres profesionales, hay otro hombre que se contagió en el lugar.
La instrucción se está realizando en el Departamento de Epidemiología, a partir del positivo de la médica que tuvo contacto con varios colegas, enfermeros y pacientes y dio positivo en Covid-19.
Hasta el momento, se estableció que la paciente tuvo contacto estrecho con dos familiares que viajaron a Brasil, pero que no habrían presentado sintomatología.
Sus hijos llegaron a Mendoza con su ex marido, provenientes de aquel país, el pasado 29 de febrero y la especialista comenzó a presentar la sintomatología 13 de marzo.
Pero mientras estuvo incubando el virus, concurrió a su lugar de trabajo normalmente.
A partir de allí, comenzó la vigilancia epidemiológica por parte de las autoridades sanitarias y se comenzaron a hacer diferentes testeos a sus contactos más cercanos.
Fuentes del Ministerio de Salud indicaron que por ahora se descarta derivar el caso de la médica al Consejo Deontológico, dado que por el momento todo está centrado en la recuperación de los pacientes y en morigerar la curva de los contagios.
“Se empieza una investigación y se termina cuando finalmente se establece el verdadero origen de la propagación de la enfermedad. Esto es por protocolo y se ha hecho en las 105 investigaciones de los cuales 36 han resultado positivos”, informaron las fuentes consultadas.
Por ahora, la investigación epidemiológica, como se realizó con el resto de las ocasiones, está centrada en establecer dónde comenzó la propagación del virus.
