Uno está pintando la pieza o la casa mira el tarro y dice: ¿Me alcanzará? y entra a preocuparse por eso nimio que, sin embargo, puede significar más erogación. La señora está en la cocina, un domingo de familia, lidiando con el agua para los ravioles y mira las planchas acumuladas sobre la mesada, cuenta a los que van a estar presentes y se pregunta: ¿Me alcanzará? Peor es cuando al vago andando en el auto se le enciende la luz que indica que entró a funcionar el tanque de reserva y no se ve una estación de servicio ni en el horizonte más lejano.

    Entonces el vago entra a regular, utiliza los cambios que menos consumen y estira el cogote buscando esas mangueras salvadoras que lo eximan de tener que empujar el auto por varias cuadras o caminar varias cuadras con el bidón, si es que lleva bidón. El vago mira el indicador de combustible y continuamente se pregunta: ¿Me alcanzará? El hombre mira las botellas de vino acumuladas a la espera del zarpazo de los amigos y haciendo cuentas del despilfarro etílico que habrá de ocurrir, se pregunta: ¿Alcanzará?

    El estudiante ha hecho todo lo humanamente posible por adquirir los conocimientos que le permitan rendir con relativo éxito el parcial que se avecina y en un determinado momento de descanso, mira los libros, los apuntes, las fotocopias y recopilando su saber, se pregunta: ¿Me alcanzará? Pero el ejemplo más ilustrativo de todos es el del tipo va a cobrar el sueldo, hace varias horas de cola para cobrarlo y cuando tiene la plata bien guardada, por ese asunto de las salideras bancarias, comienza a hacer cuentas de lo que debe, de lo que tiene que pagar, de las pequeñas o grandes inversiones que hace tiempo lo desvelan y se hace la trascendental pregunta: ¿Me alcanzará? Pues así andan todos los hinchas de Boca después del partido del miércoles, preguntando y preguntándose: ¿ Nos alcanzará? ¿Nos alcanzará tres goles? ¿Nos alcanzará?