Toda la historia arranca cuando en 1929 comenzó a operar la empresa Aeroposta. El territorio argentino era muy extenso y las autoridades se percataron de que sería el avión un medio apropiado para derrotar tanta distancia. Por eso se estableció Aeroposta, para transportar pasajeros y correo. El primer destino que tuvo Aeroposta fuimos nosotros, fíjese usted.Mendoza y Posadas fueron elegidos para que las naves provenientes de Buenos Aires aterrizaran.

    Un dato de color: entre los primeros pilotos de la por entonces flamante aerolínea se encontraba Antoine de Saint-Exupéry, el famoso autor de El Principito. Después comenzaron a volar otras, Líneas Aéreas del Sudoeste (LASO) y Líneas Aéreas del Noreste (LANE). Hasta que en 1945 ambas se fusionaron, convirtiéndose en LADE, Líneas Aéreas del Estado. En mayo de 1949, durante el primer gobierno de Perón, nació Aerolíneas Argentinas, que fusiona a todas las anteriores, desde entonces y hasta la actualidad. En 1990, durante la gestión del bien ponderado Menem y ajustándose a su plan de privatizaciones, se vendió Aerolíneas a Iberia.

    Y ahí dejamos de tener acción directa los argentinos. Ahora ya tiene media sanción del Senado,Aerolíneas Argentinas vuelve a ser de la Nación. Por un lado, la noticia es buena, porque si es de la Nación, es de todos nosotros. Una empresa nuestra, como alguna vez lo fueron YPF o los ferrocarriles. Pero, por otro lado, debemos saber todos los argentinos, por esta misma causa, cuánto nos saldrá le reestatización, qué pasivo es el que estamos comprando, cómo se administrará una empresa que viene siendo deficiente desde hace algunos años.

    Pero, sobre todo, deberá mostrar el Estado que sabe administrar. He aquí una oportunidad para desmentir esa creencia, bien fundada, de que las empresas administradas por el Estado siempre dan déficit. Veremos quién dirige y cómo se dirige. Por ahora, nos quedamos con la noticia de que Aerolíneas y Austral vuelven a ser argentinas, pero no podremos sentir orgullo hasta tanto los encargados de llevar adelante las empresas den muestras de que pueden transformarlas en exitosas. Lo esencial es invisible a los ojos, decía Saint-Exupéry, y, en este caso, lo esencial no es la compra, es el éxito.