Mendoza involuciona en materia de conectividad. Se hace cuesta arriba torcer el rumbo de la brecha digital, lo cual también quedó evidenciado durante la pandemia, con un sector de la población estudiantil sin acceso a los contenidos digitales, más allá de las condiciones socioeconómicas. Tal como informamos en esta edición, uno de cada tres comprovincianos no tiene la posibilidad de ingresar a la red de redes, más allá de los costos que esto implica. En cuanto a los que poseen el servicio, claro está, no tienen garantizada una prestación de calidad. Es más, uno de los principales reclamos de los usuarios que pueden hacerle frente a la contratación es la endeble y mala señal que registran en sus hogares. Por eso, es un buen momento para tomar decisiones y exigir a las operadoras mayor compromiso, pero, sobre todo, inversiones, también en zonas donde el negocio les reportará ganancias mínimas. En ese sentido, es importante avanzar, por ejemplo, en un plan territorial donde pueda incrementarse la instalación de fibra óptica. Es que, más allá de lo que pasa en los departamentos más alejados de la provincia, existen sitios del interior del Gran Mendoza donde la caída del sistema es permanente, con serios problemas para mantener una conexión ininterrumpida, por lo que se imposibilita cumplir con actividades educativas y laborales.
Con las demandas y exigencias del mundo actual, que vira hacia el trabajo remoto, se hace imperioso que las compañías del sector optimicen el producto que ofrecen, pero, principalmente que el Estado imponga nuevas reglas de juego, en beneficio de todos.