En la provincia, se denuncian por día 9 casos de abuso infantil. Sobre ese total, más del 60% corresponde a menores de entre 3 y 10 años y, a su vez, la mayoría de las víctimas son las niñas. Usualmente, el agresor es algún miembro del grupo familiar. Especialistas en el sector destacaron que si bien es cierto que se registran cada vez más casos, esto no implica que hayan aumentado en cantidad, sino que se visibilizan cada vez más.

A diario, el Equipo de Abordaje de Abuso Sexual (EDeAAS), dependiente del Ministerio Público Fiscal recibe en promedio unos 9 casos vinculados a delitos contra la integridad sexual en menores de hasta 18 años.

A su vez, de las denuncias diarias, 6 están relacionadas con niños de entre 3 y 10 años, aproximadamente. Sobre este total, en un 70% de los casos, las víctimas son nenas y el resto, varones. 

Con respecto a los ámbitos donde se registran este tipo de situaciones, según explicó Francisco Izura, psicólogo, encargado del EDeAAS, “el 70% de los abusos son intrafamiliares”. Es decir, llevados a cabo por algún miembro de la familia o allegado al niño, pero “fundamentalmente, son relaciones consanguíneas directas (padres, padrastros, tíos, abuelos), es mucho menor lo cometido por amigos de la familia”.

Al hacer referencia al abuso sexual, no se trata exclusivamente de violaciones, sino que incluye hechos como tocamientos o situaciones donde se busca corromper al niño. 

A nivel psicológico, el trauma que puede ocasionar este tipo de situaciones en los niños es distinto, dependiendo si se trata de una persona ajena a su entorno o crónico, con tiempo de ejercicio en la historia del menor.

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En ese sentido, el psicólogo destacó la importancia del trabajo de abordaje de los profesionales que van a escuchar a esa víctima, “que viene muchas veces en una situación de desamparo porque los adultos que lo tenían que cuidar lo sometieron. Rescatamos al niño de ese lugar y le devolvemos un lugar de respeto, confianza y acompañamiento”.

Enfatizó además que los menores tienen que lidiar “con la necesidad imperiosa de contar, las presiones y las contradicciones internas, su ambivalencia afectiva en relación al agresor y los condicionamientos del sistema familiar. A esto se le suma las vicisitudes propias del proceso judicial, por lo cual es indispensable no someterlo a situaciones de revictimización”.

Cómo influye el entorno en la denuncia

Los movimientos sociales y los casos que han sido expuestos a través de los medios de comunicación, logrando amplio conocimiento público, actúan como disparadores para que muchas jóvenes se animen a realizar la denuncia.

Además, a partir de la etapa de la pubertad, “entre los 10 y 13, al tener contacto con otros chicos, con la identidad que va armando el púber, comienza a darse una relación más entre pares, por lo que empiezan a intercambiar información. Ahí es cuando se animan a denunciar, porque logran contrastar lo que ocurre dentro de la casa, en el caso de abusos crónicos, con lo que ocurre fuera y a otros chicos”, destacó el psicólogo.

Según destacó Iruza, exponer la situación de abusos trae consecuencias que pueden ir desde la ruptura del grupo familiar, la pérdida del sostén de familia, amenazas de los parientes del denunciado o claras manifestaciones de rechazo y hostilidad. Este contexto puede influir en que los menores se sientan culpables por haberse animado a denunciar, por lo que puede aparecer “la retractación como posibilidad de evitar este contexto de presión o reprobación frente a lo actuado”.

En este escenario, ocurre en ocasiones que hay algunas madres que “muchas veces niegan, otras encubren y, en algunos casos, son cómplices conscientes de los agresores”. Esta situación, según refirió el profesional lleva a los niños a “buscar otros adultos confiables dentro de la familia o allegados a la misma para poder contar la situación de victimización”.

El proceso de la pericia

El EDeAAS es el encargado de realizar los peritajes vinculados a los casos de delitos contra la integridad sexual en la provincia. Brinda turnos según lo requiera la Fiscalía de Delitos contra la Integridad Sexual o las Oficinas Fiscales. Además de los turnos pactados, este equipo también atiende las urgencias que demanden los investigadores.

Con respecto al abordaje de los menores ante una denuncia de abuso, los profesionales del EDeAAS llevan a cabo una primera entrevista con el niño, “para ver si está en condiciones de declarar en cámara Gesell. Es breve, no se indaga sobre el hecho, si el menor quiere contar espontáneamente, lo cuenta. Vemos que esté en condiciones, que pueda expresarse”, explicó Izura.

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El paso siguiente es la instancia de la cámara Gesell, donde se trabaja “fundamentalmente sobre la denuncia. El niño ya conoce a los profesionales, ahí ya se indaga más directamente, se establece un vínculo empático que ya viene desde la entrevista preliminar. Al final, después de que nos hemos tomado el tiempo necesario para preguntar, vamos a la retro cámara y consultamos si defensores o fiscal quieren hacer alguna otra pregunta y, conforme al estado del niño, vemos si hay nuevas preguntas para hacer”, destacó el psicólogo.

Luego, en la instancia de la pericia, los profesionales llevan adelante una nueva entrevista, donde “se indaga un poco sobre el hecho, para no revictimizarlo, se toman algunos test para ver aspectos de la personalidad del niño y familiares; y se lleva a cabo entrevista con los miembros de la familia de ser necesario”, detalló Izura.

Además explicó que si bien el trabajo del EDeAAS se encuadra dentro del ámbito de la Justicia, el mismo es “muy sensible, porque tenemos que aparecer como adultos continentes desde los niños, que pueden escuchar desde un lugar distinto, garantizar que un proceso, que es extremadamente doloroso, se puede cortar a través de la intervención nuestra o si no existiera ese caso, no se culpabilice a una persona inocente”.