Dos fármacos de uso hospitalario quedaron en el centro de una investigación judicial luego de que trascendiera que un anestesista del Hospital Italiano de Buenos Aires habría ofrecido “viajes controlados” con propofol y fentanilo en reuniones privadas. El caso salió a la luz tras la muerte por sobredosis del médico residente mendocino, Alejandro Zalazar, lo que abrió una causa para determinar cómo se obtuvieron y administraron esos medicamentos.

Alejandro Zalazar era médico, tenía 29 años y había nacido en Mendoza. En febrero fue hallado sin vida en su departamento de la ciudad de Buenos Aires y la necropsia confirmó una sobredosis de propofol y fentanilo.

Ambos fármacos tienen un uso médico claro y muy extendido en hospitales y clínicas, principalmente en quirófanos y unidades de cuidados intensivos. Son utilizados en cirugías, pero también en prácticas y estudios médicos como endoscopías, colonoscopías, colocación de marcapasos, resonancias, tomografías y procedimientos que requieren inmovilidad.

El propofol es un anestésico intravenoso utilizado para inducir y mantener la anestesia general durante cirugías o procedimientos médicos. Actúa rápidamente, provocando pérdida de conciencia en pocos segundos, y su efecto también desaparece con rapidez, lo que permite una recuperación más controlada del paciente.

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El fentanilo, en tanto, es un potente analgésico opioide que se emplea para controlar el dolor intenso y suele administrarse junto a anestésicos como el propofol durante procedimientos quirúrgicos. En estos casos cumple la función de potenciar el efecto analgésico y facilitar la sedación profunda del paciente.

De hecho, la combinación de ambos medicamentos es frecuente en anestesiología porque permite lograr sedación y analgesia de manera rápida y eficaz. Sin embargo, especialistas advierten que su administración requiere estrictos controles médicos, monitoreo permanente y equipamiento hospitalario, ya que pueden provocar efectos adversos como depresión respiratoria, hipotensión o pérdida del control de la vía aérea si se usan de forma inadecuada.

Los primeros resultados de la autopsia realizada al médico mendocino revelaron que el joven mendocino murió por congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico provocado por una sobredosis.

Al momento de ser hallado, Zalazar tenía una vía conectada a su pie y en su departamento se encontraron los lotes de esos fármacos utilizado en el ámbito médico como anestésicos. Esos medicamentos pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires, donde ya un sumario permitió apartar a un médico y una residente por presunto robo y comercialización de medicamentos. También se halló una bomba de infusión para administrar las drogas de modo intravenoso.

La llamada “Propo Fest” comenzó a tomar forma a partir de audios y chats de profesionales de la salud en la que se describe cómo utilizan el propofol y el fentanilo para experiencias de relajación placenteras. Según trascendió en la investigación judicial, las reuniones incluían la utilización de estos anestésicos mediante bombas de infusión, un sistema que regula la dosis que recibe el paciente en un entorno clínico. Fuera de ese contexto, advierten los expertos, el riesgo de apnea o muerte súbita aumenta considerablemente.

Por estas características, tanto el propofol como el fentanilo son fármacos que están estrictamente regulados y su manejo queda reservado a profesionales capacitados dentro de instituciones sanitarias.