Javier Milei.

El caso Adorni, el poder adquisitivo estancado y una economía que no termina de convencer a la calle configuran, mes a mes, una misma fotografía: la de un Gobierno que pierde consenso social. Pero esa fotografía tiene un segundo plano igual de relevante, y quizás más decisivo de cara a 2027: ese desgaste todavía no encuentra un beneficiario claro.

La novedad de las últimas semanas no es una encuesta aislada, sino la coincidencia de casi una decena de consultoras —de distinto signo metodológico y perfil ideológico— en un mismo diagnóstico de dos caras: cae el oficialismo, pero no sube la oposición.

El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, relevado a fines de julio sobre 1.468 casos nacionales, ubica la aprobación de la gestión de Javier Milei en el 31,4%, su registro más bajo en más de un año y más de 13 puntos por debajo del 45% alcanzado en febrero. En paralelo, la desaprobación trepa al 58,8% y la imagen negativa del Presidente llega al 58,5%.

La radiografía económica de esta encuesta fundamenta ese declive: el 61,8% evalúa negativamente la economía del país, el 66% agota sus ingresos antes o hasta el día 20 del mes y el 61,9% debió endeudarse en los últimos seis meses para afrontar gastos cotidianos.

Por su parte, la encuesta de la Universidad de San Andrés sitúa la aprobación del Gobierno en un 35% frente a un 61% de desaprobación. El informe de UdeSA destaca que el 57% de los consultados considera que la situación general del país empeoró respecto del año pasado y un 44% anticipa que continuará empeorando.

La falta de trabajo, señalada por el 39%, y los bajos salarios, con el 36%, encabezan las principales preocupaciones sociales. En una perspectiva histórica comparada, la medición señala que el nivel de apoyo a Milei se asemeja al 34% que registraba Mauricio Macri en el mismo momento de su mandato, durante la crisis de 2018.

La tendencia también aparece en otras mediciones. Giacobbe & Asociados registró en julio un 33,9% de imagen positiva y 57,2% de negativa, mientras que Atlas Intel y Bloomberg ubicaron la aprobación presidencial en 37,1%, contra un 62,4% de desaprobación.

El voto joven, una señal de alarma

Uno de los datos que más preocupa al oficialismo aparece entre los jóvenes. Se trata de un segmento particularmente relevante para La Libertad Avanza, que construyó buena parte de su identidad política alrededor de ese electorado.

Atlas Intel-Bloomberg registró un 76,9% de desaprobación entre los jóvenes de 16 a 24 años y un 71,9% entre quienes tienen entre 25 y 34 años.

La investigación del Instituto Universitario CIAS en barrios populares del Gran Buenos Aires ayuda a explicar parte de ese desencanto. El 75% de los jóvenes consultados considera que su situación económica empeoró durante el último año y el 60% afirma haber reducido consumos. Además, el 57% tuvo que recurrir al endeudamiento para afrontar gastos corrientes.

El dato político es todavía más significativo: entre los jóvenes de barrios populares que habían votado a Milei en 2023, el 42% asegura que hoy cambiaría su voto o todavía no sabe qué hará.

No significa, necesariamente, que ese electorado haya migrado en bloque hacia el peronismo. Y ahí aparece una de las claves del escenario actual: el desencanto con el Gobierno no tiene un destino electoral definido.

Las mujeres, otro frente de desgaste

La otra variable que aparece con fuerza en las mediciones es la brecha de género. Zentrix registró una imagen positiva de Milei del 36,8% entre los varones, pero apenas del 25,1% entre las mujeres. En este último grupo, la desaprobación alcanza el 65,9%.

La diferencia se profundiza entre los jóvenes. Una medición de Synopsis ubica el apoyo al Presidente en el 42,8% entre varones de 16 a 29 años, frente al 16,8% entre las mujeres de esa franja.

Management & Fit encontró un patrón similar: la desaprobación entre menores de 40 años llega al 57,3% y trepa a 60,9% entre las mujeres de ese segmento.

Los analistas consultados vinculan esa distancia con distintos factores. Para el analista Lucas Romero (Synopsis), se trata de “un rasgo de época” que excede a la Argentina: las posturas de extrema derecha generan en las mujeres una reacción similar en distintas partes del mundo, en paralelo a un proceso cultural donde las mujeres se han vuelto más progresistas y los varones más conservadores.

El politólogo Carlos Fara, en tanto, incorpora una dimensión vinculada al estilo de liderazgo y a la percepción de empatía. Según su análisis, determinadas posiciones del Gobierno frente a jubilados y personas con discapacidad generan un rechazo particularmente fuerte entre las mujeres.

Pero tampoco aquí el dato puede traducirse automáticamente en una transferencia de votos hacia la oposición. El rechazo a Milei entre las mujeres ya se había manifestado en el ciclo electoral anterior y no impidió el triunfo oficialista en las legislativas de 2025.

Una oposición que no capitaliza el malestar

Cuando la mirada se posa sobre la vereda de enfrente, la alternativa política sigue sin aparecer. La sociedad argentina parece haber entrado en una fase de escepticismo transversal donde el enojo con el presente no se traduce en entusiasmo por el recambio.

Axel Kicillof, instalado como la referencia más visible del peronismo, registra en las encuestas de Zentrix un 35,4% de imagen positiva contra un 51,5% de negativa. Su fortaleza en el Conurbano bonaerense contrasta con un rechazo del 56% en el interior del país, lo que condiciona su proyección nacional.

En el sondeo de Proyección Consultora, sobre 1.548 casos telefónicos, el peronismo aventaja a La Libertad Avanza en intención de voto para primera vuelta con un 36,6% frente a un 32,5%, pero las proyecciones para un eventual balotaje muestran un escenario de estricta paridad.

Casos como el de Myriam Bregman reflejan las paradojas del tablero actual: es la única dirigente con diferencial de imagen positivo en Zentrix, impulsada por un 53% de valoración entre las mujeres, pero su intención de voto duro en las encuestas apenas roza el 12,3%.

Por el lado del oficialismo, los datos de Giacobbe exponen cómo las figuras provenientes del PRO amortiguan el desgaste de la cúpula libertaria: Patricia Bullrich supera al Presidente con un 34,5% de imagen positiva y Diego Santilli registra un rechazo de 49,2%, sensiblemente menor al de la dirigencia puramente libertaria.

La encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA, realizada sobre 2.895 casos, sintetiza este dilema: si bien el 61% de los consultados prefiere un cambio de gobierno para 2027 frente a un 39% que opta por la continuidad de Milei, el voto opositor se fractura.

El mismo estudio muestra que el 50,1% del electorado no quiere que el kirchnerismo vuelva a gobernar, demostrando que el rechazo a Milei no equivale automáticamente a un respaldo a la principal fuerza opositora.

La incógnita de los outsiders

Esta desconexión colectiva genera un escenario de suma cero. El electorado reparte desconfianza hacia todos los rincones del mapa partidario, configurando un techo rígido para la totalidad de la dirigencia. Ese escenario de desgaste cruzado explica también el movimiento que comenzó a producirse fuera de las estructuras tradicionales.

En el denominado círculo rojo empezaron a tomar fuerza conversaciones impulsadas por empresarios y dirigentes como Jorge Brito y Daniel Hadad, con el asesoramiento político de Emilio Monzó, en busca de una alternativa capaz de ocupar un espacio de centro y captar a quienes rechazan tanto al Gobierno de Milei como un eventual regreso del kirchnerismo.

La reacción política no tardó en aparecer: el movimiento generó contactos entre la Casa Rosada y el PRO, mientras el oficialismo empezó a mirar con mayor atención la posibilidad de que el descontento termine siendo aprovechado por una tercera opción en lugar de por el peronismo.