Brasil tomó una decisión sin precedentes: retiró a su embajador en Argentina, Julio Bitelli, y rebajó al mínimo su relación diplomática con el gobierno de Javier Milei. De ahora en adelante, el vínculo quedará a nivel de encargado de negocios, sin un diplomático de carrera al frente de la embajada. “Ante las reiteradas agresiones de Milei, tres desde el domingo, comunicamos que mientras subsista esa situación Bitelli no vuelve”, explicaron desde Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil). En paralelo, la cancillería brasileña citó al embajador argentino Daniel Raimondi.
El conflicto comenzó tras la visita de Milei a Brasil para apoyar a Flavio Bolsonaro en la carrera presidencial. Allí, el mandatario argentino calificó a Lula de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”, y también insultó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.
En el gobierno brasileño interpretaron esa intervención como una injerencia en asuntos internos, agravada por el hecho de que los ataques se produjeron en territorio brasileño. La tensión escaló todavía más por la defensa que Milei hizo de Jair Bolsonaro, a quien definió como un “amigo injustamente encarcelado”, pese a que el expresidente fue condenado a más de 27 años de cárcel por encabezar un intento de golpe de Estado.
Lula habló por primera vez del episodio durante el acto en que oficializó su candidatura presidencial: “Ustedes vieron la payasada que vino a hacer aquí el presidente de Argentina. Mi relación es de jefe de Estado a Estado, y me gusta el pueblo argentino, así que no voy a estar intercambiando cosas con esa cosa”. Y advirtió: “Mientras yo sea presidente, mientras yo esté vivo, nadie de afuera va a meterse en las elecciones brasileñas”.
El canciller brasileño Mauro Vieira fue contundente: “Fue una provocación sin precedentes en más de 200 años de relaciones bilaterales. El contenido de sus declaraciones fue agresivo y caracteriza una intromisión en temas internos y una ofensa no solamente al presidente Lula y al Poder Judicial, sino también a las instituciones democráticas y al pueblo brasileño”.
Lejos de desescalar, Milei redobló la apuesta días después en una entrevista con LN+: “Es ladrón, es un corrupto. Fue condenado, estuvo preso, con lo cual es cierto lo de presidiario”. El presidente justificó su conducta: “Lo hago porque soy un cruzado de las ideas de la libertad”. También acusó a Brasil de ser responsable “del 25% de la campaña antiargentina” en redes durante el Mundial. Esas últimas declaraciones fueron el detonante final de la decisión de Itamaraty.
La relación bilateral queda así reducida a un mínimo histórico, con consecuencias difíciles de dimensionar para la Argentina frente a su principal socio comercial.
