El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió ayer actuar con contundencia contra los transportistas en huelga en España por el fuerte incremento de los precios de los combustibles, mientras que los alimentos y otros productos comienzan a escasear en el país. “Se actuará con la máxima firmeza”, anunció el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Pocas horas después de que pronunciase estas palabras, un enfrentamiento en Sevilla entre policías y manifestantes, en este caso, pescadores protestando también por el alza del precio de los derivados del petróleo, se saldó con al menos 13 heridos, la mitad de ellos, policías.

    Durante la madrugada, un camionero que dormía en la cabina de su vehículo resultó herido por el incendio del mismo y de otros cuatro en la provincia de Alicante, en el este del país. Debido a este hecho, la Guardia Civil sospecha que el fuego pudo ser provocado. La situación por la huelga comienza a ser preocupante en España, tanto por la tensión en los sectores que protestan, como por las consecuencias del paro en el resto de la población. El temor al desabastecimiento, que desde el lunes ha hecho que muchos ciudadanos hagan acopio de alimentos y gasolina, se va convirtiendo en realidad, ya que el suministro a los mercados centrales se ha reducido drásticamente a causa del paro.

    El Ejecutivo pone todos los medios para garantizar la libertad de todos “y pondrá más”, aseguró Zapatero, al referirse al conflicto en el Congreso de los Diputados. Pero lo cierto es que la escasez de productos frescos es un hecho en muchos comercios, que muestran estantes y refrigeradores vacíos y en los que encontrar pescado, carne, verdura o fruta es prácticamente imposible. La industria automovilística ha tenido que suspender la producción en algunas plantas por la falta de componentes. Y fábricas de otros sectores están siguiendo el ejemplo.

    El ministro del Interior ordenó la actuación de las fuerzas de seguridad con el objetivo de despejar las rutas, colapsadas por camiones parados o avanzando muy lento, y garantizar el suministro de nafta y alimentos básicos a la población. Medio centenar de camioneros fue detenido hasta el momento en todo el país por alterar el orden o resistirse a la policía. La tensión entre piquetes y miembros de las fuerzas de seguridad del Estado se hizo patente en muchos puntos del país en los que los agentes intervinieron para retirar camiones.

    El Ministerio del Interior puso en marcha un operativo de más de 25.000 agentes, entre policías y guardias civiles, para despejar las rutas y a primera hora de la tarde de ayer estaban todas liberadas, con excepción de la A-1 de Madrid. Desde el ministerio, además, se siguió ordenando la escolta de camiones cuyos conductores no están en huelga para que los productos puedan llegar a sus destinos.

    “La huelga es un derecho”, enfatizó el ministro Rubalcaba, pero no lo es perjudicar el derecho de los ciudadanos. Los camiones volvieron también a circular a través de La Junquera, uno de los pasos fronterizos más importantes entre Francia y España por el trasiego de mercancías que registra. El paro de transportistas vivió el martes su suceso más negro: un miembro de un piquete de huelga murió al ser atropellado por accidente por una furgoneta en la provincia de Granada, en el sur de España. Ayer a la tarde, más de un centenar de transportistas se manifestó en Granada en recuerdo de su compañero muerto.

    Por otra parte, también en Portugal, como consecuencia de otra huelga de camioneros, se comenzó a sentir la carencia de productos frescos en los mercados y se registran largas filas en las estaciones de servicio que aún no han agotado sus reservas. Finalmente, en Polonia, miles de conductores de camiones de carga protestaron ayer, tanto por los precios de los combustibles como por los peajes. La emisora privada TVN24 estimó que alrededor de 50.000 transportistas participaron en las protestas. Los organizadores hablaron de unos 100.000.