Aunque las bombas de racimo se prohibieron en una resolución de la ONU adoptada en 2008 y que entró en efecto en 2010, ni Ucrania ni Rusia forman parte de los 110 países que la ratificaron. 

Este lunes, en el quinto día desde que comenzó la invasión a Ucrania, el ejército ruso incrementó la ofensiva sobre Jarkov que dejó al menos 11 muertos y decenas de heridos. Pero más allá del ataque sobre la población civil, el gobierno de Vladímir Putin habría utilizado bombas de racimo, lo que implicaría el uso de armamento prohibido y, por ende, un crimen de guerra.

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Según investigaciones de Human Rights Watch (HRW), las bombas de racimo ya fueron utilizadas tanto por el gobierno de Ucrania como por los grupos armados apoyados por Rusia en los enfrentamientos del este de Ucrania entre julio de 2014 y febrero de 2015.

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La organización explicó que un tratado internacional prohíbe el uso de este tipo de armas, que típicamente explotan en el aire y envían decenas o cientos de pequeñas bombas que se extienden por un espacio similar al de un campo de fútbol.

A ello se une que estos pequeños proyectiles a veces quedan sin explotar, actuando luego como minas antipersona.