Durante 79 años, Nancy Brede fue residente de la península Kalaupapa, una exuberante y serena extensión de tierra en la isla de Molokai, Hawaii. La península está separada por ásperos acantilados que deslumbran en cada lado, lo que convierten la ubicación en el lugar ideal para una vida de exilio.

Más de 8.000 personas han sido desterradas ahí a lo largo de los años. ¿La razón? Tenían lepra. “En aquellos días, los pacientes fueron enviados a Kalaupapa porque pensaban que iban a morir”, relató Nancy Brede a la CNN, de 92 años de edad. “Fue un tiempo traumático”.

“Solían contratar personas para que salieran y buscaran pacientes”, continuó Brede, quien fue enviada a Kalaupapa a la edad de 13 años, luego de que le diagnosticaran lepra, también conocida como la enfermedad de Hansen.

“No pudimos despedirnos de nuestras familias, solo lloré y dije adiós con la mano hasta que no pude ver más a mi madre”.

La naturaleza infecciosa y la falta de tratamiento para la enfermedad significó que en 1865, Hawaii introdujo leyes que permitían el arresto y traslado de las personas con lepra a “lugares de tratamiento o aislamiento”. La península comenzó a albergar a pacientes leprosos desde 1866 y los envíos de pacientes llegaban dos o tres veces al año; en 1936 uno de esos envíos llevó a Brede.

“Esto es muy solemne si conoces la historia de lo que ocurrió allí”, aclaró Baron Chan, oficial administrativo de Salud Pública de la delegación de la enfermedad de Hansen del Departamento de Salud de Hawaii. Chan ha llegado a conocer bien a los residentes de Kalaupapa. “Te toma tiempo poder ganarte su confianza, pero una vez que lo haces son muy cariñosos y compasivos”, mencionó.

Aquí fue donde Brede pasó su adolescencia y toda su vida adulta. Aquí incluso conoció a su esposo Jimmy, quien llegó en 1942. “Hoy todavía estamos juntos, y esto es mucho, mucho, mucho tiempo”, indicó ella. Los Brede son una de las muchas familias formadas a partir de la vida en Kalaupapa. La mayoría de las personas llegaron cuando eran niños pequeños, llevados lejos de sus familias y sin opción, y enviados a esta tierra desconocida para vivir junto a otros como ellos.

“Perdimos la pista de nuestras familia así que no conocemos a nuestros familiares”, dijo Brede. Cuando la ley del aislamiento por lepra de Hawaii fue levantada en 1969, los residentes de Kalaupapa eran libres de irse, pero la mitad de los que todavía viven en el asentamiento –incluyendo a Brede– optaron por quedarse en la península que se había convertido en su casa.

“Esperábamos ir a morir, pero cuando llegamos allí, el lugar estaba lleno de gente y de tantas actividades”, dice Brede, quien llegó a ocupar muchos puestos de trabajo en Kalaupapa, incluyendo el de asistente del sheriff. 

Hoy en día, Kalaupapa es un parque nacional, con 16 antiguos pacientes que quedaron y están registrados como residentes. “Es como una pequeña ciudad de Estados Unidos, pero realmente pequeña”, destacó Chan.

En estos días, la ciudad consta no solo de antiguos enfermos de lepra, sino también de 40 empleados del Estado y hasta de 60 personas del personal del parque nacional. Cuenta con varias iglesias, una sala de cine, instalaciones deportivas, ciervos para cazar y aguas para pescar.

Hace ya mucho tiempo que los pacientes se curaron de la lepra, pero hoy en día sufren de deformidades causadas por la enfermedad, así como del sufrimiento de los peligros habituales de la edad. “Ellos ya no tienen la enfermedad de Hansen, las enfermedades que tienen son geriátricas”.