Roma (dpa). El papa Benedicto XVI dio a conocer ayer su encíclica social Caritas in veritate (El amor en la verdad), en la que insta a los gobiernos a poner las necesidades de la gente por delante de las medidas para enfrentar la actual crisis económica y en la que reclama una “auténtica autoridad política mundial”, mediante una reforma urgente de la ONU y de la arquitectura económica y financiera internacional.
También insiste en la necesidad de que los planes económicos se rijan por objetivos éticos. En el texto subraya la importancia del desarrollo de “todos los pueblos”: la crisis y la globalización deben ser aprovechadas para construir un mundo más justo y solidario.
“El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando, además, con una crisis a todo el mundo. Es necesario corregir las disfunciones”, indica el documento. Y subraya: “La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber”.
La encíclica se publicó un día antes de que comenzara la cumbre de los siete países más industrializados más Rusia (G8). 
Benedicto XVI había postergado su tercera encíclica varias veces para actualizarla con ayuda de expertos en economía, de cara a la crisis, y poder debatirla con los altos representantes políticos mundiales.
El Vaticano aseguró que Benedicto estuvo trabajando en esta encíclica desde 2007, pero no la publicó antes para poder actualizarla y reflejar la crisis económica global.
De todas formas, el Pontífice no tenía la intención de que este documento fuera una respuesta a la crisis económica que comenzó a fines del 2008, sino más bien una crítica más al sistema que permite que esto ocurra, aseguró el cardenal Renato Martino.
La “autoridad política mundial”, ya defendida anteriormente por Juan Pablo II y que vaya más allá de la ONU, es necesaria en opinión de Benedicto “para encauzar la economía, sanear los países afectados y evitar un empeoramiento de las crisis y de las desigualdades resultantes de ellas”.