Las multitudinarias protestas que sacuden a Irán colocaron al ayatolá Alí Jamenei frente al momento más delicado de su liderazgo. A más de tres décadas en el poder, el líder supremo enfrenta una crisis de legitimidad inédita desde la Revolución Islámica de 1979, con una sociedad golpeada por la inflación, el colapso económico y una represión que dejó miles de víctimas.

Desde finales de 2025, Irán atraviesa una ola de protestas sin precedentes en la historia de la República Islámica. La combinación de inflación descontrolada, devaluación de la moneda, corrupción estructural y aislamiento internacional alimentó un malestar social que desbordó las calles de las principales ciudades.

De acuerdo con estimaciones de organizaciones de derechos humanos y testigos locales, la represión de las fuerzas de seguridad dejó alrededor de 2.000 muertos y miles de detenidos. El endurecimiento del escenario interno se da, además, en un contexto internacional adverso, marcado por sanciones económicas, amenazas militares y ataques recientes contra instalaciones nucleares iraníes.

En ese marco, el nombre de Alí Jamenei se convirtió en el principal blanco de las consignas que reclaman un cambio de régimen.

Jamenei es apenas el segundo líder supremo de Irán desde la instauración del régimen islámico. Ocupa el cargo desde 1989, tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini, y para gran parte de la población joven es el único líder que conocieron.

Nació en 1939 en Mashhad, la segunda ciudad más grande del país, en el seno de una familia religiosa chiita. Su formación estuvo centrada en los estudios coránicos y obtuvo el rango de clérigo a los 11 años. Desde joven combinó el rol religioso con una militancia política activa contra el Sha Reza Pahlavi.

Durante los años previos a la revolución, fue detenido en varias oportunidades, sufrió torturas y pasó largos períodos en la clandestinidad. Tras el triunfo revolucionario de 1979, su ascenso fue rápido: Jomeini lo designó líder de la oración de los viernes en Teherán y, en 1981, fue elegido presidente.

Ocho años más tarde, el establishment religioso lo ungió como líder supremo, una figura que concentra el máximo poder político, militar y religioso del país.

El cargo de líder supremo convierte a Jamenei en la autoridad final sobre todas las decisiones estratégicas del Estado. Puede vetar leyes, intervenir en cualquier área de gobierno y designar a los principales cargos del sistema.

Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, controla al Ejército regular y al poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), un actor clave tanto en la política interna como en la proyección regional de Irán.

Además, su influencia se extiende sobre el Poder Judicial, los medios estatales y los organismos que supervisan y filtran las candidaturas electorales. En la práctica, ningún dirigente relevante llega al poder sin su aval.

La familia Jamenei y su influencia en la política iraní

Aunque Alí Jamenei cultiva una imagen de austeridad y bajo perfil, su entorno familiar juega un rol significativo en los equilibrios internos del régimen.

De sus seis hijos, Mojtaba Jamenei es el más influyente. Clérigo formado en Qom, mantiene vínculos estrechos con los sectores más duros del poder y desde hace años es señalado como una figura clave en la toma de decisiones. Su nombre cobró notoriedad tras las elecciones de 2004, cuando fue acusado de interferir a favor del entonces presidente Mahmud Ahmadineyad.

Desde la década de 2010, Mojtaba es considerado uno de los hombres más poderosos del país y, aunque no existe una sucesión dinástica formal, es visto por muchos analistas como un posible heredero político.

Otros hijos, como Mustafa, Masoud y Meysam, también mantienen lazos con influyentes familias religiosas y económicas, mientras que las hijas de Jamenei permanecen mayormente alejadas de la exposición pública, aunque vinculadas por matrimonio a figuras cercanas al círculo del líder supremo.

Con información de la BBC.