Desde los hermanos y los colegas hasta el propio jefe están allí: las redes sociales como Facebook y Google+ se han convertido en un fenómeno cotidiano, pero hay que tener cuidado. Y es que en ellas uno no sólo puede encontrarse a viejos amigos, sino también a recolectores ilegales de datos y trampas informáticas.

Se estima que en Europa una de cada tres personas utilizan una red social. Su atractivo radica, por ejemplo, en que permiten “redescubrir viejos conocidos y contactar con parientes, ex colegas y hasta amistades de las vacaciones de verano”, dice Tobias Arns, de la asociación informática alemana Bitkom. También hay quienes las usan para compartir fotos y videos o discutir sobre sus aficiones con otros interesados.

Registrarse es muy sencillo, pero antes de hacerlo, merece la pena echar un vistazo a las condiciones de uso, “que son la base contractual de las redes sociales”, señala Tobias Arns. Allí se encuentran, por ejemplo, las normas para el comportamiento dentro de la red e informaciones sobre lo que pasará con sus datos personales.

Facebook se ha convertido en la red favorita para la difusión de videos, imágenes y noticias. En lugar de la lista de amigos, Google+ reúne los llamados círculos, que permiten mantener los contactos privados separados de los contactos profesionales. Y a ellas se suman otras redes sociales con distintas particularidades, como Twitter, YouTube o Tuenti.

Según los estudios de mercado, Facebook va a la cabeza a nivel mundial, con más de 1.000 millones de usuarios en 137 países, encabezados por Asia (278 millones), Europa (251), Norteamérica (243) y Sudamérica (142). En España, donde 8 de cada 10 internautas frecuentan alguna red social, los clientes más asíduos son las mujeres (61 por ciento), frente al 39 por ciento de los hombres.

Tras entrar y registrarse en una red social, el usuario debe configurar su perfil. Aquí, el abogado Thomas Schwenke aconseja prudencia en la cantidad de datos que incluir: “Más allá del nombre, las aficiones y los intereses personales, no conviene dar más”. Según el experto, se desaconseja incluir la dirección postal, el número de teléfono, los datos bancarios y toda clase de información privada, como las enfermedades crónicas o la vida sexual.

Además, se puede elegir quiénes tendrán derecho a ver esos datos. La mayoría de las redes sociales ofrece un amplio menú de esferas privadas. Allí, por ejemplo, se puede determinar que sólo amigos personales tengan acceso a fotos o la dirección personal de correo. En este sentido, conviene ver cómo lo resuelven las principales redes: al contrario que Google+, Facebook pone relativamente muchos datos a disposición de la comunidad cibernética.

El paso siguiente consiste en hallar a los amigos en la red. La mayoría de las redes sociales propone una lista de personas que el usuario podría conocer. Aquí, los algoritmos de las redes sociales se orientan en los contactos ya existentes y en los datos proporcionados por el propio usuario. La cifra de aciertos suele ser muy alta. Aparte, en muchas redes sociales también se pueden importar los contactos de la propia cuenta de correo electrónico.

Al publicar mensajes y fotos, se recomienda buscar un equilibrio entre el silencio absoluto y el exceso publicitario. “Quien publicite y escriba demasiado corre el riesgo de aterrizar en la lista de contenidos bloqueados de sus amigos”, señala The-Khoa Nguyen, redactor de la revista alemana “PC Magazin”.

Conviene además sopesar cuidadosamente quién puede leer los mensajes: si no se pone límites, normalmente todos ven todo. Así, las fotos de la última fiesta del pasado fin de semana pueden llegar no sólo al círculo de amigos personales sino también a la pantalla de colegas de trabajo y de los jefes.

Al colgar imágenes, tampoco hay que olvidar el derecho de propiedad intelectual. Lo más seguro es usar sólo fotos hechas por uno mismo. “Si no se ha pedido autorización del autor, al publicar una foto se corre el riesgo de atropellar su derecho de propiedad intelectual”, señala el jurista Thomas Schwenke.

El fotógrafo, antes de cargar fotos en una red social, debe pedir el consentimiento de la o las personas incluidas en ellas (lo que en términos jurídicos se llama ceder el derecho a la propia imagen). Pero, además de las fotos, también los textos ofensivos y enlaces pueden ser motivo de problemas: “Quien, por ejemplo, incluya enlaces a sitios prohibidos o ilegales tendrá problemas con la ley”, advierte Schwenke.