La crisis golpea por todos lados, más aún en la semana, en que la capacidad de compra de los argentinos cayó 22%. Las góndolas en algunos casos ya tienen las remarcaciones que nos hacen dudar durante un buen rato para saber qué conviene llevar en el changuito y las cuentas se acumulan. El jaque a la economía, con la decisión de actualizar el valor del dólar oficial, expone la vulnerabilidad en más de una dimensión: lo poco que queremos al peso argentino –para empezar– además de cómo impacta en el costo diario de la vida. Es una pregunta continua qué hacer con la (poca) plata que tenemos para no perder la capacidad de ahorro.
¿Comprar moneda extranjera? ¿Autos? ¿Invertir en propiedades? Claramente, no todos tienen las mismas oportunidades. Basta ver cómo afecta a los funcionarios públicos, entre ellos, los policías.
Una larga cola de uniformados esperaba su turno en la puerta de la mutual mendocina que los representa. El mensaje era incontrastable: buscaban sacar préstamos, síntoma que revela el estado de un determinado agente público con una función importante, como la de preservar la seguridad. La economía argentina, empobrecida, deficitaria, inflacionaria devalúa a sus propios usuarios y les exige responder a sus deudas con más deudas.
