Las disputas internas de los partidos, la agenda electoral y el caso Nisman, entre otros, son temas que han ganado espacio dentro de la coyuntura mediática. Lo hicieron en detrimento de otras noticias que, peligrosamente, pasaron a ser cotidianas y, en ocasiones, ya no sorprenden. Es el caso de las muertes que se producen como consecuencia de guerras entre bandas de vendedores de droga y que se replican en diferentes barrios del Gran Mendoza.
A eso se agrega la impunidad con que los delincuentes se mueven por las calles de la provincia. La prueba fehaciente se dio luego de la final de fútbol entre Gutiérrez y Huracán. El día terminó con tres homicidios vinculados, directa o indirectamente, con el accionar de los barras de diferentes equipos. En todos los hechos se produjeron tiroteos como si Mendoza se hubiese convertido en una porción del Lejano Oeste norteamericano, donde todo se dirime a los tiros. Con una pequeña diferencia: no hay ni sheriff ni juez ni ninguna otra autoridad que sepa imponer la ley.
