Tal vez haya llegado el momento de sincerarse sobre los reales destinatarios de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Es la celebración de los mendocinos pero no para los mendocinos. Se apunta al turismo, a mostrar a la provincia a partir de su celebración mayor, y no está mal que eso ocurra. Si es una decisión política, es respetable, pero es fundamental comunicar esta estrategia y, a partir de allí, comenzar a trabajar en una organización que no genere expectativas cuando las entradas salen a la venta.

Los precios son populares, es cierto. Más allá del incremento porcentual que los boletos mostraron este año, son más que accesibles si se compara con el costo que tiene un ticket para ver un recital de algunos de los artistas invitados. Entonces, se produce el desborde lógico por parte de quienes son capaces de hacer días de cola para ver a sus ídolos y de los que ven en esta situación la posibilidad de hacer un negocio perfecto: comprar a 80 y revender a 500. Una vez más, los únicos que tuvieron sus boletos asegurados fueron los turistas, porque los adquirieron de manera regular y sin someterse a esperas y frustraciones. Una muestra más de que la fiesta es para ellos.