El momento del impacto.

La conducción bajo los efectos del alcohol es una tragedia evitable. Requiere una acción decidida por parte de la sociedad en su conjunto, más allá de un potencial compromiso del Estado relacionado con políticas de prevención y modificación de leyes.

Este fin de semana, un hombre que manejaba con casi 3 gramos de alcohol por litro de sangre provocó una tragedia en Mendoza: mató a una joven y dejó gravemente heridos a otros dos motociclistas. No sólo eso, huyó de la escena hasta que finalmente fue detenido.

Algo está pasando que muchos no comprenden lo peligroso que es conducir un vehículo automotor después de haber consumido alcohol. Y esto se demuestra porque, a pesar de las campañas y las sanciones legales (condenas que han generado repercusión a través de los medios), los siniestros fatales provocados por conductores ebrios continúan siendo alarmantes y están presentes mes a mes.

Esta es una tragedia que afecta a cualquier habitante y exige una respuesta colectiva urgente, reconociendo la magnitud del problema, siempre con el fin de tomar medidas efectivas.

La prevención es clave y no debe parar. La educación pública sobre el peligro del consumo de alcohol tiene que intensificarse. Y no hay que olvidar a los responsables de estos hechos luego de una condena con seguimientos para evitar posibles recaídas.

Detrás de las víctimas hay padres, madres, hermanos que sufren y perciben con resignación que, ante la gravedad de los hechos, poco se puede avanzar y, sobre todo, cambiar para intentar llegar a un punto de tolerancia cero.