El Aconcagua representa para la provincia mucho más que el cerro más alto de América. Es la puerta de entrada para el turismo internacional especializado, que desembolsa miles de dólares para vivir esa experiencia arriesgada de llegar a su cumbre o pernoctar en sus campamentos base. Una buena parte de la publicidad del Gobierno de Mendoza lleva su postal, y es tanta la expectativa por las ventajas que ofrece la particular macroeconomía para los extranjeros, que se espera para esta temporada un auge de visitantes.

Pero a esos turistas hay que cuidarlos, máxime si es un atractivo que exige cuidados especiales, como la atención médica ante posibles emergencias. Sin embargo, a pesar de todas estas necesidades, lo que ha resaltado este año es la desprolijidad para tener un combo bien presentable y en condiciones. Las licitaciones de las firmas que prestan servicio de logística y atención sanitaria han sido tardías y se han empleado parches que generaron, a su vez, presentaciones judiciales. Además, las autoridades no han sido transparentes para lo que debería ser un proceso no solo sin complicaciones y en regla, sino también eficiente. A Mendoza se la debe cuidar de esta manera porque llegar a la cima del Coloso de América no sólo es una experiencia de vida de mucha adrenalina, sino también de riesgo.